Una, que tenía puesta su esperanza en que a la vuelta de las vacaciones el número de víctimas por el Covid habría descendido por la responsabilidad social del personal, resulta que no, que no ha disminuido, sino aumentado. Una, que estaba convencida de que el descanso de agosto propiciaría más empuje para combatir el virus y hasta despertaría la colaboración ciudadana… Una, que se informa y observa los entornos, sostiene que entre todas las circunstancias incomprensibles, la mayor es comprobar cómo la paradoja, (dícese de lo contrario a la lógica), se está convirtiendo en símbolo de nuestro país.

A ver: Cómo se entiende que sólo hace unos meses los partidos de la oposición acusaran de dictatorial al Gobierno de la nación por proclamar unilateralmente el estado de alarma y hasta se enfurecieran por la falta de autonomía ¿Recuerdan? Ahora, que se decide que cada Comunidad arbitre y decida para sí misma lo que más les convenga, los que calificaron aquello como una medida dictatorial, resulta que exigen que las decisiones sean las mismas para todas las autonomías, ¿En qué quedamos?

¿Cómo es que estando prohibidas las reuniones de más de 10 personas, cuando se trata de la Primera Comunión de una niña vestida de princesa, se olvidan las reglas aunque el párroco se contagie? (que se contagió). Ahora que si de una boda se tratase y ese diez se multiplicase por 15, sería diferente. Considerando lo abultado de los ingresos ¿Cómo negarse a que 150 personas bailen a cualquier distancia en la ceremonia?

Resulta que durante estos meses de verano, los niños han disfrutado al máximo de las piscinas de sus respectivas urbanizaciones, se tiraban continuamente al agua abrazados entre sí, han formado pandillita de amigos "unidos" para siempre… Pero a partir del jueves, cuando estén en el colegio, no se podrán tocar entre sí e irán con mascarillas (¡Sorpresa!)

A pesar de todo, se podrían comprender las razones esgrimidas para las medidas tomadas contra la pandemia… Lo que no puede aceptarse es que los grupos políticos de este país, tan duramente castigado, no sean capaces de llegar a unos acuerdos mínimos que haría más fácil la convivencia. No puede tolerarse que los intereses partidistas prevalezcan sobre el bien común ¿Cómo optar por "lo mío, lo primero" en las trágicas circunstancias en que nos movemos?

La paradoja, la contradicción entre las contradicciones es que España, situada entre los países más castigados, sea el último en conseguir acuerdos.

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