Dudo si las personas son competitivas per se y han dado lugar a una sociedad así, o bien es ésta la que empuja a serlo. El caso es que desde la infancia, se compite por ver quien se toma antes la leche, quien termina antes la ficha de matemáticas o quien llega antes al patio de recreo. Las empresas pagan en función de quién produzca más y los sanitarios cobran dependiendo de quién gaste menos… Si existe una película o una canción "Del Año" ¿Cómo sorprendernos si se elige una "Palabra del Año"?

Como si se tratara de la ceremonia de los Óscar o de los premios Goyas en los que profesionales del cine conceden una mención especial a una película (de entre muchas) por sus valores; o como cuando un jurado de escritores y escritoras seleccionan a la "novela del Año" por su argumento o estilo literario, a una de entre las distinguidas, también se compite por una "Palabra del Año" de entre un grupo de ellas previamente destacadas. La responsabilidad de la elección la tiene la Fundéu (Fundación del Español Urgente) junto con la RAE. En este "inolvidable" 2020 han decidido que suba al pódium la palabra confinamiento. Como ocurre en el Premio Planeta que se decide la novela premiada de entre una selección de ellas, la "Palabra del Año" también ha debido competir con otras. Anoten como si fuese una lista de los éxitos del año o mejor, como si fuese el hit del optimismo: pandemia, epidemia, endemia, coronavirus, infodemia y como colofón de la esperanza y de las ansias de vivir: teletrabajo. No quiero ni imaginar el optimismo, las ilusiones y las esperanzas que tendría ese jurado cuando hizo la selección.

La elección de confinamiento, (añádase "perimetral" para darle un toque más dramático), no ha tenido en cuenta que rima con enamoramiento o con encantamiento, sino que viene justificada por el protagonismo que el pasado año ha tenido la crisis sanitaria y cómo las medidas tomadas han cambiado nuestra manera de actuar y de vivir. Pero existe otra opción: Pasar página.

No quiero oír por un tiempo a los virólogos, epidemiólogos y neumólogos, que sólo informan de malas noticias. No quiero pasar más días en pijama. No quiero dar saltitos, simulando que ejercito los abductores. No quiero volver a oír, ni una vez más, ese machacón "Resistiré". No quiero leer una novela por día. No quiero aplaudir en el balcón. No quiero engordar con tanto bizcocho casero. No quiero oír estadísticas ni porcentajes.

No quiero más confinamientos por mucha "palabra del Año" que sea.

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