Resulta evidente que la vorágine de acontecimientos es desbordante. Con lo que el comentario semanal tiene el riesgo de convertirse en una miscelánea de hechos. Sin embargo, hoy trataré de reafirmar mi orgullo de pertenencia a un grupo profesional de alto y principal contenido vocacional, sin lo cual hubiera sido imposible la heroicidad de comportamiento y el número de bajas acontecido durante la pandemia entre los sanitarios.

Sea, pues, esta columna, mi humilde homenaje a todos los compañeros y que no puedo dejar de hacer extensivo a todos los componentes de trabajos esenciales y, por supuesto, a todas las personas fallecidas en las más dolorosas e imaginables trágicas circunstancias de soledad y hurto del duelo familiar por causa del maldito virus.

Tengo que resaltar mi admiración porque ningún "ejército" se enfrenta a un "enemigo desconocido", en inferioridad rotunda de arsenal bélico y logístico - esto, la logística es decisiva para vencer en las guerras - frente a una proliferación de agresividad permanente y oculta, como en una emboscada permanente. Máxime, cuando el "estado mayor" de nuestro ejército decidía más desde el criterio propagandístico político que desde el seguidismo científico, con lo que el drama no solo estaba servido, sino que no encontraba obstáculos insalvables, hasta la aparición de las vacunas y, aún así, sigue y seguirá dando cornás.

Es, por ello, de agradecer el homenaje público de días pasados. No obstante, debo hacer una matización porque hubo momentos en que algunos, quiero creer que pocos, cayeron en el error de anteponer la ideología sobre la cuestión fundamental, aunque este es un debate para otro momento.

En consecuencia y visto lo visto, duele profundamente comprobar que superado esto, las debilidades del sistema se conviertan en motivo de agresiones y amenazas contra quienes están para ayudar y, por ende, sufren doblemente las insuficiencias de un modelo sanitario, la "joya de la corona" le llamaban, como trabajadores del mismo y provisores de asistencia, lo que en esta pandemia trajo una tercera consecuencia como el convertirse en víctimas fatales de la misma. De ahí, que pida respeto, afecto, consideración… por encima de condecoraciones. De aquí, mi orgullo de pertenencia, sin ser protagonista, mi posición favorable por encima de virtudes y deseos de corrección de defectos. Así que no hablo hoy de "chuletones imbatibles", cambios ministeriales, casi masivos, después de negarlo tres días antes, tampoco de los rodeos para no usar la palabra "dictadura" -eso sí que son elucubraciones- no el varapalo al Gobierno por el Tribunal Constitucional, ni del ¿número? de fallecidos… ya seguiremos.

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