Tras Gibraleón se conoce o se intuye una prehistoria muy rica, que se remonta al paleolítico, pero los testimonios más claros de su existencia se encuentran en la etapa de dominio musulmán, en la que el lugar era conocido como Yabal Al Uyum, o sea, Monte de las Fuentes. En 1262, más de doscientos años antes del final de la Reconquista con la toma de Granada, ya Alfonso X el Sabio había ocupado lo que sería el Señorío de Gibraleón, elevado en 1530 al rango de Marquesado. Su nombre quedó inscrito para la eternidad el año 1605 en la dedicatoria de la primera parte del Quijote, con la que Cervantes agradecía al entonces Duque de Béjar y Marqués de Gibraleón su mecenazgo.

Ignoro por qué caminos fue evolucionando el nombre árabe hasta el actual y cuándo surgió el gentilicio olontense o cómo, desde éste, se formó Olontia, que a mí me parece algo así como un avatar de Gibraleón, un reflejo o, como creen los hindúes de quienes procede el vocablo, una encarnación benéfica de un dios cuya pretensión es mejorar el mundo. Los términos Olontia y olontense están vigentes en Gibraleón en diversas realidades culturales; valgan como ejemplos (también en el sentido de hechos ejemplares) Jazzolontia, que acaba de cumplir felizmente su edición número catorce o el CODAC, Centro Olontense de Arte Contemporáneo, una emblemática instalación del año 2010, que dice mucho de unos promotores que en época de bonanza planearon inversiones inteligentes para el cultivo del espíritu, cuando la tendencia dominante era construir instalaciones para el cuidado del físico.

Aunque los medios informativos, y éste especialmente, han dado cumplida noticia de ello, no quisiera que la noticia de la presentación de la Fundación Olontia fuera flor de un día. Presidida por Pablo Sycet, hombre de inabarcables registros culturales, está llamada a iniciar un brillante capítulo de la cultura olontense. Pero, sobre todo, se trata de un espléndido paradigma del enfoque moderno del mecenazgo. No es solo que el patrimonio de Gibraleón se enriquezca con una interesantísima colección de arte, con las obras de Sycet en los diferentes ámbitos de su impulso creativo, o con las que le llegaron de amigos artistas, o las adquiridas en el mercado y las subastas de arte. Con esa base, la Fundación está concebida para abrir nuevos y prometedores caminos a las inquietudes culturales del municipio y de la provincia. El tiempo lo confirmará.

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