Nuevo otoño

Finalmente lo he visto en ti, mi amor. En tu sonrisa complaciente, en tus ojos de cariñosa entrega

El día 23 comienza el otoño, el perfil del año cobra una nueva sintonía. El amanecer será como todos, pero en él habrá una dimensión distinta. El espacio, que solo tiene un dueño porque su eterno caminar es el tiempo.

De siempre se dijo que con la llegada de la nueva estación, los árboles se preparan para la caída de la hoja. Un striptease esperado, puro, sin erotismos que ofrecerá la desnudez arbórea que hace meses estuvo vestida de mis colores.

Hoy la fragancia del pasado cobra rumores melancólicos en el corazón.

El estío se marcha silenciosamente y el otoño llega por la puerta callada de un cielo, donde los colores comienzan a dibujar nuevos tonos más suaves y bellos.

También en la vida el otoño del ser humano es una época llena de pensamientos luminosos que dan paso a otra manera de vivir distinta, pero no menos bella. La brisa otoñal de la vida es una caricia con recuerdos de una apasionada primavera marchita. El otoño llega imitando aquellos clásicos versos de nuestra literatura inmortal, "y nadie sabe como ha sido".

Yo si lo sé. Llevo muchos años esperándolo cada septiembre a la orilla de la mar.

Lo he visto en una ola de espuma blanca, cabalgando a la luz del sol o al resplandor blanquecino de la luna rielando por la ría.

Lo he visto en una nube que empezaba a teñirse de oscuro, presagio en las tardes de una huida de ese sol brillante que se entretiene en la sombras burlescas de las dunas.

Lo he visto corriendo sobre la orilla de la playa acariciando la arena en un suave beso que erizaba de pasión sus minúsculos granos de ardiente calor o de mojada brisa con mensajes reales de mar cercano.

Lo he visto en el vuelo de aquella gaviota que volaba sobre mi anunciándome una partida de un año que no sé si volveré a ver.

Lo he visto en la malva puesta de sol, allá en el límite del horizonte, que muestra ya un catálogo impresionista de nuevos colores sobre el océano.

Finalmente lo he visto en ti, mi amor. En tu sonrisa complaciente, en tus ojos de cariñosa entrega, en el latido de tu corazón que en el tictac de los años sigue marcando la hora maravillosa de un comienzo que no termina.

Ya sé otoño que estás muy cerca. Pronto, si Dios quiere, nos volveremos a encontrar.

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