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Navidad trágica

"Me duele cruzarme de noche con una mujer y notar que se encoge y no se atreve a mirarme"

Qué más quisiera yo que enviaros este artículo como una felicitación navideña en la que los buenos deseos estuvieran enmarcados en guirnaldas luminosas y bolas de colores, la familia alrededor de un abeto cargado de regalos y el rayo de una estrella rompiendo la oscuridad de la noche para dar luz a un pesebre en el que nace un niño al que canta un coro de ángeles, celebran pastores, agasajan exóticos magos y millones de personas adorarán como Dios!

Si pudiera borrar mi memoria reciente o encerrar mi conciencia bajo siete llaves, escribiría un artículo de ese estilo. Pero no es así y no me voy a excusar por ello. Recuerdo estos días pasados y veo a familias gallegas llorando la tragedia de unos pescadores a los que el mar se ha llevado para siempre. Son muchas las familias en cuya cena de Nochebuena hay asientos vacíos y la tristeza cierra el paso a la alegría, pero hay un dolor adicional cuando el azar da cartas que rompen el curso natural de vidas que debían haberse extendido muchos años más. Ante tragedias como estas no cabe sino la resignación.

No es resignación, sino una escalada en el nivel de indignación, lo que siento, lo que sentimos muchos cuando sabemos que la semana pasada ha llegado a Almería una patera más. Sus pasajeros eran 33 en estado muy precario y once cadáveres; otras once personas habían desaparecido en un Mediterráneo muy distinto al de la promoción turística de sol y playas. El egoísmo de una Europa que se considera cristiana es el mayor obstáculo para evitar esta tragedia repetida cientos de veces.

Laura Luelmo. No tengo palabras y pido prestadas a Alfonso Pedro, de Poetas de Huelva por la Paz, las que pronunció el sábado en la Cata de Libros, Vino y Jabugo con la que el Otoño Cultural Iberoamericano se despedía de la estación otoñal: "Déjenme que les diga que esta Navidad el vino se ha agriado y hasta el recuerdo del jamón sabrá a hiel en un pueblo de Zamora donde los polvorones ya comprados para celebrar el regreso de su niña caducarán de puro dolor" (…) "Déjenme también que les diga que me duele cruzarme de noche con una mujer y notar que se encoge y no se atreve a mirarme" (…) "También a mí se me ha agriado el vino y la poesía". No hay mucho más que decir. La felicidad que os deseo quisiera que se trasladara a todos los habitantes de este mundo y especialmente a los que, de una u otra forma, son maltratados y discriminados.

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