Visiones desde el Sur

Modo 'off'

Si nos faltara la palabra, lo que nadie podrá usurparnos será el pensamiento, mientras lo tengamos

Andamos ciegos como si los ojos se nos hubieran borrado de la cara. Como si el entendimiento no encontrara los enlaces neuronales que lo hacen posible. Como si hubiésemos olvidado pensar.

Una lluvia helada e incesante de noticias está socavando lo que fuimos para dejarnos solos ante lo incomprensible. Solos ante lo impenetrable, lo oculto; faltos incluso de esperanza: ese consuelo.

De acá y acullá se derraman palabras de ánimo, pero vienen encorsetadas en las aristas de un recorte tras otro, que hacen evacuar lágrimas de sangre a un cuerpo social más justo e igualitario que con tanto esfuerzo habíamos intentado izar.

La organización financiera se ha convertido en una Torre de Babel en la que ya nadie habla el mismo idioma y, por tanto, está destinada al colapso estructural. No es posible el edificio común que la humanidad -abanderada por la solidaridad internacional- necesita. Nunca lo fue, por otro lado; tampoco nos engañemos. Pero ahora es más evidente porque nos toca a nosotros, a Europa; qué ironía, verdad.

Quienes pretendan ir en contra de las consignas pergeñadas por las prelaturas neoliberales se convertirán en estatuas de sal, en leve viento que no empuja molino, en purulento barro de charca infecciosa o en ignominioso palurdo que nada entiende… porque, todos los parámetros, están predispuestos para que los que originaron esta situación no paguen: pagarán los de siempre.

Se nos cuenta que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Pero lo hacíamos acordes a las consignas que nos vendieron; consumíamos porque se nos hizo posible ese ahora llamado derroche; es más, nos instigaron a ello porque era bueno para la economía ¿recuerdan?

Pero en un visto y no visto los oráculos han cambiado el discurso y nos han cogido con el paso cambiado, endeudados hasta los huesos, derrotados, dejados en manos de ese eufemismo denominado Mercado.

No me gusta este mundo en donde las deudas se globalizan, se abonan entre todos, y las ganancias son para unos pocos.

Andamos ciegos, decía, pero también escasos de explicaciones. Y es posible que esto no les guste a unos pocos o a unos muchos, no importa. Al menos nos queda la palabra, por ahora. Porque, sabido es, que ésta también puede ser censurada, maniatada, tergiversada. Hay expertos en tales cosas. Pero, incluso, si nos faltara la palabra, lo que nadie podrá usurparnos será el pensamiento, mientras lo tengamos.

Prefieren a una ciudadanía en modo off. Es todo.

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