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Mercado de fichajes

En los fichajes de la política, como en los del fútbol, los hay de todo tipo: los de 'glamour', los técnicos o los extravagantes

Sé que no tiene nada que ver, pero ha sido conocerse la vuelta de Monchi al Sevilla, y empezar todos los partidos a presentar a bombo y platillo sus fichajes estrellas para la inminente temporada, digo, para las inminentes elecciones. En el fondo, esta nueva práctica de acudir al mercado para fichar personalidades con los que darle otra cara a la generalmente deteriorada fachada de los partidos no difiere mucho del interés de los equipos cuando se refuerzan en verano: la novedad siempre es un buen reclamo para el cliente, y si esta viene acompañada además de cierto marchamo de calidad, tanto mejor para engrosar las ventas de abonos, o para incrementar sus expectativas de voto.

En los fichajes de la política, como en los del fútbol, los hay de todo tipo: los de glamour, como el de Cayetana Álvarez de Toledo para encabezar la lista del PP por Barcelona, con su pose de cultureta liberal un punto sofisticado dispuesta a plantar otra pica españolista en el territorio de Inés Arrimadas; los técnicos, como la apuesta de Ciudadanos incorporando a un empresario de éxito como Marcos de Quinto, que ahonda en su perfil más pragmático y capitalista; o los extravagantes, como la decisión unilateral de Sánchez de designar candidato para la Alcaldía de Madrid a un entrenador retirado de baloncesto que no guarda ningún apuro al expresar su desconocimiento de la cosa pública.

Paradójicamente, cuando todos blasonan de dar la palabra a la militancia para elegir a sus representantes, cada vez se detecta una menor intervención de aquella en el proceso de elección, que queda en manos de un círculo muy reducido de poder, y en las decisiones tomadas prima sobre todo la estrategia. Así, se nota en los fichajes sonados de Ciudadanos cierta urgencia por tapar errores de bulto cometidos en operaciones fracasadas que rayaban el transfuguismo para volver a un mensaje más liberal y menos político, como también las prisas de Casado en situar al Partido más cerca del ideario conservador de Aznar dejando en sus mínimos la herencia del marianismo.

Otra cosa será el recorrido que estos fichajes de relumbrón tengan conociendo el paño de nuestros partidos, aunque me temo que en esto no podemos ser demasiado optimistas. Al final, y aquí hay pocas excepciones, quien tiene el poder lo ejerce sin contemplaciones. Aunque fiche mañana a Monchi de mánager general del partido.

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