La verdad nos hará libres, afirmamos desde la creencia cristiana. Por el contrario la mentira no genera más que una dependencia ruin de infamias, engaños, frustraciones, embelecos humillantes y afrentas degradantes. En España hemos asistido a una espiral incontenible de desengaños y desafecciones políticas incontenibles, un distanciamiento imparable y creciente hacia la clase política y las instituciones de gobierno. En ese capítulo de falsedades y manipulaciones teníamos un ejemplo en una de las entrevistas que se le hacían al hasta hace unos días vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, que con su tono desabrido y hostil agudizaba sus odios personales y sus rencores irredentos, no solo instrumentalizaba a su capricho la realidad sino que falseaba y manipulaba evidencias de la realidad política española. Y lo peor es que lo hacía impunemente porque su entrevistador no replicaba oportunamente sus falsas aseveraciones. Deja una larga lista de temas irresueltos, objetivos pendientes y 24 incomparecencias solicitadas para responder a la oposición.

Todo se ratificaba en su despedida del Congreso y el anuncio de su marcha, que debió haber hecho desde el mismo momento en que dijo que se presentaba como candidato en la elecciones de Madrid y, desde luego, fuera de su despacho oficial. Una despedida tan hosca y agresiva como en él es habitual, plagada de su habitual verborrea trasnochada, su toxicidad verbal, su argumentario anticuado, su proverbial metonimia, sus irritantes amenazas, su irreprimible estrategia de confrontación y su patológico empeño en la provocación, la agitación y la propaganda. Todo ello en una errática acción de gobierno en la que, además de no aportar absolutamente ninguna solución a los problemas cruciales que tiene planteados el país, ha contribuido al planteamiento inoportuno, impertinente e inmaduro de cuestiones ideológicas gratuitas e irrelevantes. Por supuesto que no se ha hecho acreedor a ese protocolario agradecimiento "por los servicios prestados", porque, precisamente ha sido todo lo contrario. Se ha ido pero ha dejado un legado vicario que le permitirá seguir siendo oposición dentro del mismo Gobierno.

Mal que les pese a muchos, y especialmente al gobierno y a sus incondicionales, hace unos días la diplomacia estadounidense denunciaba que el Gobierno español había cometido actos de violencia y acoso contra la libertad de expresión y de prensa en España durante el pasado año". A esta evidencia responden nombres y apellidos de las más altas instancias, pero sin duda el presidente del Gobierno y el ex vicepresidente, Pablo Iglesias, son responsables muy significativos. Especialmente éste. Sus ataques a la prensa y su ambición implacable de intervenir los medios informativos es una de las más decididas trayectorias hacia métodos más expeditivos. Llegó a amenazar a un periodista con enviarlo a prisión por publicar información comprometedora sobre su partido. ¡Infame!

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