Visiones desde el Sur

Locura

Los problemas aparecen cuando hemos de enfrentarnos a quienes creíamos olvidados

No creo a las personas que manifiestan continuamente -ese absurdo estribillo- de que en sus vidas no existen problemas. Dicho cantar es imposible; porque ese posicionamiento es exclusivamente un brindis al sol, una careta, un lugar común, como tantos otros. Veamos:

Los problemas aparecen cuando el silencio grita en cada uno de nosotros, cuando la noche esgrime luces encendidas en la memoria, ya sea en forma de razonados e inquietos pensamientos o en lúgubres y amenazadores sueños.

Los problemas aparecen cuando hemos de enfrentarnos a quienes creíamos olvidados, que es lo mismo que decir que los habíamos dado por muertos y, de golpe, sin esperarlos, aparecen de nuevo inquietando nuestras vidas tal que un sismo lo hace con los cimientos de cualquier estructura elevada sobre el suelo, haciendo oscilar cuanto creíamos estable y duradero, en este caso nuestra vida: la vida.

Los problemas aparecen cuando lo que creíamos soñar resulta ser real y nos toca lidiar con asuntos de los que otrora huimos, y, a pesar de las infranqueables barreras que levantamos entonces para resguardarnos de sus maléficos efectos, los monstruos que nos acechaban aparecen ante nosotros de nuevo imponiendo toda su carga de malestar y cuantos escozores y encantamientos nos dañaron en su momento.

Los problemas aparecen cuando ya no es posible doblegarse, acallar si se desea a uno o a algunos de los yo que nos conforman, y hemos de convivir, aunque no lo deseemos, dentro del manicomio que habitamos, en donde sabemos por experiencia que vive tanta, tanta gente, y no estamos al corriente de cómo aislar un yo de los otros, y tomamos consciencia, para nuestra desgracia, de que aunque aparentemos estar solos en el mundo, con nosotros en sí, vienen inoculadas una multiplicidad de voces y, lo que es peor, el conocimiento de la evidencia de que nunca en realidad estuvimos solos, porque siempre, siempre, fuimos una jaula de grillos en donde la voz, la palabra que ofrecimos a los otros, fue adecuada, atemperada, en función de intereses espurios y de eso que llaman la urbanidad o la conveniencia, como deseen citar a la liturgia que cada familia, sociedad o pueblo nos imponen. Malditos sean los tributos todos. Ese argumentario -razonado o no- que utilizan los gobernantes para mantenernos fajados y que no montemos mucho ruido, vamos, que no saquemos mucho los pies del plato.

En fin… que no es posible vivir sin ser un aprovechado, un ingenuo o estar loco.

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