La verdad es plural

Loa al "término medio"

Se trata de enaltecer el diálogo, respetar opiniones porque la paz no existe si no se busca entre todos

La primera señal de que la Navidad está próxima consiste en entrar en una tienda con el sol y salir, ya de noche, con las calles iluminadas con motivos navideños. La segunda serían las compras, los consabidos regalitos, la preorganización de las comidas festivas. Pasa que ese ambiente, alegre y cordial, que nace a partir de los encuentros y los reencuentros (casi siempre aderezado con cervezas y similares), invita a que la gente valore todavía más el compartir risas y olvidarse y aislar a todo aquello que pueda impedirlo.

Ocurre que mientras se suceden las comidas y copas no se puede llevar puesta la mascarilla; por otra parte, a más iluminación de calles más personas se aglomeran por cada metro cuadrado. Lo más trágico es que, mientras las celebraciones se suceden, se olvida que no solamente el virus sigue conviviendo con nosotros, sino que se está explayando con los niños y su profesorado. Mientras las reservas de mesas, en determinados restaurantes, están ya al completo, el ómicron, ese virus procedente de Sudáfrica, va extendiéndose peligrosamente. A medida que se colapsan las carreteras por los viajes organizados para el "puente", se olvida a las 11.000 las personas que ha matado la pandemia en Andalucía y, mejor no estar informado, tampoco se tiene en cuenta que son casi 150 personas las afectadas en Huelva durante esta semana que hoy acaba.

Irremediablemente, se está perdiendo el llamado "término medio" y se establece el bando de las personas cautas, que rápidamente se pasan al de las hipercautas, para terminar como "altamente intolerantes". En el lado opuesto del ring, las vivalavida, esas que apenas utilizan medidas higiénicas, que rara vez usan la mascarilla o que no les preocupa la excesiva proximidad con otras personas: las "imnunes", las que no se vacunan... Lo peor es que cada uno de estos grupos, al considerarse en posición de la verdad, no solamente no comparten nada de lo que el otro grupo piensa, sino que fácilmente se convierten en el "enemigo".

Moderando esa actitud de "soy yo la que sabe", sin duda mejoraría la convivencia solamente escuchando al otro, por una parte, y evitando y empatizando con el opuesto, por la otra. La solución estaría en conciliar modos de pensar y de actuar. Se trata de enaltecer el diálogo, de respetar opiniones, de llegar a acuerdos consigo mismo, de frenar determinadas posturas, de intentar hacerlas compatibles entre sí… porque la paz no existe si no se busca entre todos.

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