Visiones desde el Sur

Literatura en crisis (II)

Las crisis han existido siempre. Uno de los desencadenantes posteriores ha sido el renacimiento de otras cosas

Momentos todos, o casi todos, más cercanos a la animalidad que a la humanidad, en donde la fuerza del pensamiento, el ejercicio de la solidaridad, la prevalencia del conocimiento razonado, la igualdad entre los seres humanos, o los derechos fundamentales de las personas se diluyen como agua de mayo, olvidando muchos de los logros que de forma colectiva y a fuerza de sangre derramada, sudores y lágrimas las más de las veces, han supuesto el avance y el progreso de todos los que hollamos este trozo de piedra giratoria llamada planeta Tierra.

Sin embargo, de las crisis, de todas ellas, siempre resurge savia nueva: una nueva literatura.

Esto es una evidencia. Y si no modifica la totalidad de lo existente en el mercado literario, sí hace que se dé un giro inevitable -que durará más o menos en el tiempo- para conseguir alterar los planteamientos éticos e incluso estéticos a la hora de escribir, de narrar, de decir o de contar.

Dejemos claro de antemano que las crisis han existido siempre, en cualquier tiempo y en cualquier lugar. Uno de los desencadenantes posteriores de las mismas ha sido el renacimiento de otras cosas, de otras visiones, de otras políticas, de otras revoluciones… y, por supuesto, de otra literatura. También de otra literatura, nos guste o no dicha fenomenología.

Pongamos un par de ejemplos:

Después de la llamada primera guerra mundial aparecieron ni más ni menos que el cubismo, el expresionismo, el constructivismo, el dadaísmo, el ultraísmo, el surrealismo y otros muchos movimientos estéticos más cercanos, menos longevos, que, por supuesto, la literatura absorbió e hizo propios, al igual que la forjaron al unísono otras manifestaciones artísticas al alud de los tiempos que el devenir fue cosiendo en el tejido social y en el pensamiento individual y colectivo.

La crisis financiera de 1929 por otro lado, o sea, el hundimiento de la bolsa de Nueva York, vino acompañada de una renovación de la fotografía, del teatro, del cine, y también, cómo no, de la literatura.

¿Hay que aceptar por ello que en épocas de depresiones sociales o de crisis económicas, si es que ambos términos no son sinónimos, que a mi parecer lo son, la literatura como elemento de transmisión de ideas, utilizando el realismo o la ficción pura, se crece, se expande, intentando alejar lo que nos hizo socialmente daño… buscando, oteando un futuro más halagüeño, más prometedor y menos desalentador que el que vivíamos? (…)

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