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La libertad de expresión es uno de los pilares de esta sociedad. ¿Queremos tumbar ese pilar?

Quemar una foto del rey es un ejercicio de libertad de expresión: eso ha dicho el Tribunal de Estrasburgo. Entienden que forma parte del debate político. Nos puede gustar más o menos que se queme una foto de alguien. A mí personalmente no me gusta. Como tampoco me gusta que se quemen banderas, y eso que no me gusta ninguna bandera. Pero precisamente para eso está la libertad de expresión: para defender al que dice lo que no nos gusta, para posibilitar que cada uno pueda gritar su opinión, expresar sus desacuerdos, contradecir al sistema, a las instituciones al pensamiento establecido. Contradecirlo todo si le parece oportuno, porque así lo piense o para provocar.

Dibujar una viñeta, escribir una canción, quemar una foto, hacer un teatro de guiñoles… son actos que difícilmente son punibles en una país de libertades. Y ahí es donde creo que tiene que situarse el debate: ¿queremos vivir en un país de libertades? ¿Queremos que nuestros hijos e hijas hereden un país de libertades? Lo contrario ya sabemos de qué va. No hace mucho en este país se encarcelaba por pensar o ser distinto. En algunos países de nuestro entorno esas libertades aún no se han conquistado. Y en otros podemos observar como dichas libertades conquistadas se cercenan sin complejo alguno. Seamos conscientes también de que esas libertades cercenadas no lo son uniformemente: es el poder el que determina a quién recorta y a quién da manga ancha, quién puede hablar y quién debe callar.

Todos somos ya mayorcitos en este país de fracturas y desacuerdos. Y los últimos años han polarizado aún más a esta sociedad, en la que parece que nos empeñamos en decir la barbaridad más aguda, el insulto más hiriente, la frase más afilada. Nos va el enfrentamiento, la bronca, los extremos… y creo que, de alguna manera, somos capaces de avanzar con esa dinámica de blancos y negros. Pero como no podremos avanzar será con la eliminación por las bravas de la mitad del tablero. No podemos meter en la cárcel a todos los blogueros, cantantes, dibujantes o separatistas que hay en este país, simplemente porque no me guste su opinión, su canción o su posición política.

Insisto: no gustándome ninguna bandera no me gusta que nadie las queme. Porque entiendo que para alguna gente represente valores, ideas, historia, qué sé yo. Pero no creo que encarcelar a nadie por ofender todo eso sea una apuesta inteligente. La libertad de expresión es uno de los pilares de esta sociedad. ¿Queremos tumbar ese pilar?

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