Está fuera de toda duda, es más, hay que proclamarlo como merece, que Latitudes, Festival Internacional de Fotografía, no es sólo uno de los magnos y más sobresalientes acontecimientos culturales que se celebran en Huelva, sino que supone un hito de relieve universal que viene concitando desde hace ya diez años la participación de fotógrafos del más afamado prestigio de todo el mundo. Nombres que suponen la máxima iconografía en el ámbito fotográfico más elogiado y galardonado. La extraordinaria pléyade de grandes artistas de la cámara de celebridad y notable estimación crítica mundial que durante estos últimos años han expuesto sus obras, de una asombrosa variedad, estilos y géneros, se ve enriquecida en esta nueva edición, que se celebra desde el 12 de febrero hasta el 31 de marzo. La muestra cuelga sus obras en distintas salas y galerías de nuestra ciudad para gozo, deleite y conocimiento de todos los onubenses. Al mismo tiempo hay que destacar que Latitudes ha sido y sigue siendo el acontecimiento cultural de mayor eco informativo en Huelva, y fuera de Huelva, y en general entre cuantos medios se interesan por el relieve artístico y fotográfico que depara un número de exposiciones simultáneas de tan excepcional relieve.

Pero, dada la singular dedicación a la cinematografía del director de Latitudes, José Luis Ruiz, nunca ha faltado en cada edición de este Festival Fotográfico, un ciclo dedicado al cine europeo que, desgraciadamente, no es muy habitual en la cartelera comercial, especialmente en Huelva. De aquí que se hayan dedicado espacios al cine francés, alemán, checo, etc. Y nada más relacionado con la fotografía que el cine, sin la cual éste no sería posible. Un año más Latitudes vuelve al cine alemán. Nunca viene mal una reflexión en torno a esta cinematografía especialmente efectiva en la aportación de nuevos y peculiares valores artísticos. Si el año 1945 significó el año cero en la cinematografía alemana, que suponía la reconstrucción de toda una industria absolutamente derruida, el proverbial milagro germano se notó también en el sector cinematográfico. Ello se debió a los esforzados y admirables realizadores que lograron restaurar una industria potente con Helmut Kaütner a la cabeza, Robert Adolf Stemmle, autor de la inolvidable La balada de Berlín (1948), Rolf Hansen, Harald Braum, Rolf Thiele -el primero que aborda el cine político-, Alfred Weidenmann, Robert Siodmak y Bernhard Wicki.

Pero sería el llamado espíritu de Oberhausen, surgido el 28 de febrero de 1962, el que, integrado por un grupo de jóvenes realizadores de la Escuela de Ulm, decidía regenerar el cine alemán de estos años. Así surgieron Ulrich Schamoni, Volker Schlöndorff, Johannes Schaaf, Edgar Reitz, Alexander Kluge, Peter Schamoni, Peter Zadek, Peter Fleischmann y algunos otros a los que sucedería un nombre imprescindible en la cinematografía alemana, Rainer Werner Fassbinder, discutido y discutible, prolífico como nadie. Supo retratar las pasiones íntimas como fiel reflejo de una época, la Alemania de los años 70, que aún arrastraba las consecuencias de la posguerra, "de la democracia que recibió como regalo", testimoniando sus grietas económicas, políticas, sociales y morales. Parece que el cine alemán de hoy, algunas de cuyas más celebradas realizaciones veremos en este ciclo de producciones, en su mayoría contemporáneas, fueran herederas de ese estilo innovador y creativo que, como es sabido, ha conseguido premios y reconocimientos en festivales internacionales e incluso en los Oscar, considerados como premios máximos de la cinematografía global.

Precisamente citábamos a uno de esos directores artífices de ese resurgimiento del cine germano de la posguerra: Bernhard Vicki, que también fue fotógrafo. De él podremos ver el 19 de marzo una de sus mejores películas, El puente (1959). Pero antes el ciclo se inicia, el 19 de febrero, con otra extraordinaria película, Hanna Arendt (2012), de una reputada realizadora germana, Margaretth Von Trotta, sobre una muy acertada biografía de la filósofa judeo-alemana, discípula de Heidegger, y que trabajó como periodista en el juicio de Adolf Eichman. El día 25 otro de los grandes y premiados éxitos del cine alemán de los últimos años: La vida de los otros (2006), de Florian Henckel, una perturbadora visión del espionaje en la Alemania del Este. El 5 de marzo se proyecta Good Bye, Lenin (2003), de Wolfgang Becker, ingeniosa mezcla de comedia y drama con una corrosiva crítica, que se convirtió en un fenómeno sociológico en Alemania. Seguirá el 12 de marzo con Contra la pared (2004), de Fath Akin, un melodrama del que el director nos depara una alternativa descarnada y nada sentimental. El 18 de marzo se presenta La extraña (2010), de Feo Aladag, una muestra del maltrato femenino con una excelente interpretación de la actriz Sibel Kekilli. Termina el 19 con El puente, como escribimos antes. Las proyecciones se celebrarán en la Casa Colón y en la UNIA.

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