Es evidente que por Huelva corren nuevos tiempos y que la ciudad entra en una época preñada de aires tan frescos como alentadores, a la búsqueda de una urbe más moderna y orientada hacia el futuro. Cuando el virus sea un recuerdo, será aún más fuerte ese empuje hacia una capital innovadora. Pero la innovación no está reñida con el pasado, de ahí que se comprenda la indignación del Ayuntamiento de Huelva con el derribo de la Casa Duclós (considerada como Bien público), en el Parque Moret. Pero… ¿Es mejor la inacción? ¿Es preferible que se derrumbe sola, como Villa Rosa, esa casa en ruinas en un maravilloso y abandonado Conquero, también considerada Bien Cultural? ¿No resulta chocante que esta demolición afecte tanto al cabildo onubense?

Por lo visto, los hechos son punibles dependiendo del infractor de los mismos. Hoy, el Ayuntamiento recurre la sentencia absolutoria por el derribo de la Duclós, pero hace unos años, el equipo municipal de Rodri hizo desaparecer el Mercado de Abastos, preciado Bien cultural, convirtiendo la zona devastada en un escenario ideal para una película de posguerra, que ahí continúa.

Parece que el equipo de Cruz prefiere conservar los edificios vacíos y desmantelados. No hace uso de máquinas demoledoras, será que sale más barato dejar que se caigan solos. No se juzga el valor patrimonial, artístico o cultural del inmueble en cuestión, pero demoler no se demuele, mejor esperar a ver qué pasa. A la antigua Cárcel de Huelva, el colegio Ferroviario, el cuartel de Santa Fe, se les ha unido recientemente la antigua Estación de Sevilla. Pero no todo es abandono. Actualmente, la tendencia urbanística onubense se inclina hacia una postura intermedia. El último estilo arquitectónico se basa en rodear edificios "abandonados" durante su restauración (antigua Hacienda o Banco de España) con vallas metálicas ¿Será para que a los visitantes les impresione el movimiento restaurador y urbanístico de la ciudad?

Lamentable que la política municipal ignore, más veces de las deseadas, que el futuro se asienta en el pasado. Lamentable que se utilice únicamente palabrería para tapar hechos. Lamentable no mirar alrededor. Con estos antecedentes, ¿De verdad se pueden rasgar las vestiduras por lo sucedido con la casa Duclós? Un bañito de objetividad, y de mirarse a sí mismos, no estaría mal ¿no?

Los ciudadanos no son receptores pasivos, sino sujetos capaces de transformar la realidad hasta el punto de darle distintas interpretaciones y usos.

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