Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

Irse por ahí

Lo que nos proponen algunos es normalizar la vuelta atrás a algo que ya todos -o casi- habíamos normalizado

La regeneración era esto, amiguitos. ¿Qué se pensaban? ¿Que iban a mirar por nuestros intereses, a sanear nuestras instituciones, a mejorar nuestra cultura democrática, a ocuparse de nuestros asuntos, a renunciar a sus mamandurrias esperanzaguirrenses? Miren que se lo advertí, que no les votaran, que pasaran de ellos, pero no me han hecho caso. Quisieron festejar la democracia y se encuentran con Vox en las instituciones. ¡Toma resaca, moreno!

La regeneración ha degenerado, ¡Viva! No me digan que les ha pillado de sorpresa la casi pornográfica exhibición impúdica de lloriqueos, exabruptos, órdagos sin mano, bajunerías sin fin, que nos han regalado esta tropa de mediocres que pretende gobernarnos. Se veía venir y ya están aquí. Los tenemos en el Congreso (por cierto, sin hincarla desde hace meses), en el Senado (que sigo sin saber para qué sirve), en San Telmo y ahora en cada rincón de este país, que espero que algún día despierte y les mande a "enderezar plátanos al Gobi", que me decía un profesor de mi colegio y que nunca, hasta ahora, he terminado de comprender.

Lo peor del panorama son los nuevos. Unos que mendigan un puestecico en el Gobierno por el amor de dios, que quiero ser ministro, y otros porque vienen a regenerar, y a ver quién nos regenera a nosotros después de su paso.

Mi aita, que era un filósofo rural, decía que lo que le llamaba la atención es dónde habían ido los miles de personas que vitoreaban a Franco en el Palacio de Oriente cuando lo del contubernio; poco después, demócratas de toda la vida, oiga, ¿dónde estaban, qué fue de ellos? Pues, aita, esperando agazapados a que algún recién llegado les diera la oportunidad de asomar su jeta y mostrarnos el horror de una sociedad que, espero que más pronto que tarde, se de cuenta que ya no existe, que no es la de ahora, por más que algún nostálgico cabreado considere que son la mejor opción para no sé qué.

Ojalá esa Europa eternamente dormida (como un servidor un domingo que no trabaja) les despierte de una bofetada que les haga cruzar la calle sin tocar suelo. Si uno se para a pensar el país que nos proponen, da pánico; la vuelta atrás, el renunciar a cosas que habíamos normalizado, el despertarse un día y comprobar que uno no está casado con una mujer sino con un miembro de una unidad intrafamiliar. Y lo peor es que lo dicen sin que se les caiga la cara a trozos. ¡Irse por ahí, hombre! Gracias, Faraona.

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