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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Impuestos

El problema del impuesto de Sucesiones es que castiga más a los andaluces que al resto de españoles; así de fácil

Con el impuesto de Sucesiones a la Junta de Andalucía le pasa, como en tantas otras cosas, que actúa a la defensiva y tiene muchos problemas para comunicar a la opinión pública el por qué de lo que hace o dice. Que se traslade a la opinión pública la ocurrencia de revertir al Ministerio de Hacienda la gestión del tributo da idea de hasta dónde se puede disparatar, aunque luego esta afirmación no esté sustentada en planteamientos demasiado reales. Sería el primer caso de una autonomía que deja de ser autonomista y que, además, lo haría por su incapacidad para convencer a sus contribuyentes que actúa como debe. Conviene decir las cosas como son: el principal problema del impuesto de Sucesiones es que en Andalucía se castiga fiscalmente a los herederos mucho más que en cualquier comunidad de España, lo que constituye no sólo un agravio sino una profunda injusticia. Claro que esta situación puede estar provocada por el dumping que realizan otras comunidades más ricas y mejor financiadas. Pero eso, consejera de Hacienda, explíqueselo usted a quien tiene que malvender el piso de sus padres para poder pagar el impuesto. Lo que hay que hacer es armonizar el tributo para que deje de ser instrumento de lucha entre territorios o, en caso contrario, suprimirlo. No hay que darle muchas más vueltas.

Hasta ahora no he podido ver argumentos que me puedan convencer de que es profundamente justo que un trabajador que, gracias a sus estudios y a su trayectoria profesional, tiene una buena remuneración en su empresa tenga que pagar la mitad de su sueldo por los rendimientos del trabajo. Y de que es radicalmente injusto que un señorito rentista tenga que pagar una parte de lo que recibe en herencia de sus padres, algo que ha obtenido sin ningún esfuerzo y por la gracia de sus apellidos. Como no puedo comprender que la baronesa Thyssen tenga que pagar el mismo IVA por unos zapatos que una viuda que recibe por toda remuneración una pensión de cuatrocientos euros.

Cualquier estructura fiscal encierra grandes injusticias y también dosis de justicia redistributiva. Así ha sido siempre y así seguirá siendo. Pero los impuestos, que, como su propio nombre indica, no son voluntarios sino todo lo contrario, son la base sobre la que se asientan las sociedades modernas. A la Junta se le ha creado un problema de consideración con el de Sucesiones porque ha dejado que se convierta en un estigma para sus ciudadanos. Los andaluces se han visto vapuleados por su Administración y eso, en los tiempos de la comunicación inmediata y las redes sociales, termina pagándose.

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