Juan A. Romero

jaromero@paginasdelsur.com

¿Huelva respira bien?

Suele ocurrir con bastante frecuencia que no damos credibilidad a ciertas realidades por palmarias que resulten hasta que se planta ante nosotros un forastero y nos aplica el rigor de los datos que acreditan que dichos fundamentos cuando menos debatibles. Algo similar ha sucedido esta semana con motivo de la celebración del Foro Gerardo Rojas, uno de los impulsores de la industria onubense, dedicado a la calidad del aire en Huelva. Los principales agentes políticos y económicos pudieron conocer de la mano del jefe del Área de Control Ambiental de la Agencia de Medio Ambiente y Agua, que las cosas se están haciendo con rigor desde hace tiempo en materia ambiental. Si bien, siempre queda mucho por mejorar y las grandes compañías no deben escatimar un solo esfuerzo para cumplir con creces los parámetros marcados por la Unión Europea para la protección de la salud humana.

Toda la vida escuchando a propios y extraños que Huelva es la ciudad más contaminada de España y resulta que los guarismos revelan que no estamos peor que otras muchas. Somos muy dados a verter opiniones lacerantes sobre nuestro propio predio sin caer en la cuenta de que ello es contraproducente y no hace sino dilapidar el trabajo realizado por nuestro sector industrial desde hace varios lustros por recuperar el tiempo perdido en materia medioambiental. Las palabras de Antonio Lozano sonaron con rotundidad. En 2020, Huelva cumplió con todos los parámetros legislados en materia de la calidad del aire. Ergo, los onubenses respiramos algo mejor. En los años más recientes, el mayor problema ha sido el ozono, siendo un asunto que solo puede resolverse a mayor escala por ser una cuestión de índole transnacional. Los datos indican que en escasas ocasiones se superaron los valores establecidos en dióxido de nitrógeno, de carbono o de azufre. Las cosas en el pasado no se hicieron nada bien, pero lo cierto es que, a día de hoy, Andalucía y sobre todo Huelva disponen de una de las redes más extensas y completas en cuanto a estaciones y sensores para vigilar aquellas zonas que requieren mayor control ambiental.

Nuestra misión como ciudadanos es exigir cual centinelas que esos mecanismos funcionen y se solucionen otras problemáticas aún abiertas como los fosfoyesos. No conviene dejar de oír otras sensibilidades y voces críticas que siempre aportan soluciones y otros puntos de vista que suman al complejo debate de la contaminación. Las instituciones y empresas por su parte, deben unir fuerzas en una estrategia común que desmitifique para siempre el mantra de la mala calidad del aire onubense. Nos va el futuro en ello.

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