Arias breves

'Holodomor'

Matas a tu pueblo de hambre y se pegan codazos para ponerse en la cola de la cartilla de racionamiento

En un periódico de Huelva hoy hay que escribir de América. Y ayer y antes de ayer y mañana. Desde el 12 de octubre de 1492, en Huelva, la palabra América forma parte de lo cotidiano, hasta haberse ya incrustado en nuestro mapa genético, en la intimidad de nuestros cromosomas. Y en América hoy toca Venezuela. Cuatro millones de hermanos venezolanos han cruzado ya las fronteras de Colombia y Brasil huyendo del terror rojo. Y sobre todo huyendo del hambre. Esto de matar de hambre para reducir resistencias es algo que forma parte de los manuales comunistas más elementales. Coincidiendo con esta monstruosidad venezolana, sale en estos días un libro que les recomiendo hasta con las orejas. Se titula Holodomor, matar de hambre en ucraniano, de Anne Applebaum. Vieja conocida que he traído más de una vez a esta columna con motivo de su libro Gulag que le supuso el Premio Pulitzer. Hoy vuelve a escribir una obra tan magistral como aquella. Serena, fría, investigadora tenaz, conocedora sin igual y escritora de una pieza, mi admirada Anne cuenta de forma irrebatible la hambruna provocada por Stalin sobre el pueblo ucraniano cuando este se resistía a que uno de los mayores criminales de la historia le pusiese la bota en el cuello. Esa resistencia la redujo el tirano matándolos de hambre. Cuatro millones de asesinados. Se ve que el aprendiz Maduro se ha estudiado bien esa parte de la historia del atroz régimen soviético. Matas a tu pueblo de hambre y los supervivientes se pegan codazos para ponerse en la cola de la cartilla de racionamiento que sólo tú, tirano, distribuyes.

Ante esto el 90% de los países americanos han considerado que el tal Maduro ha pasado todas las líneas rojas habidas y por haber y han reconocido como presidente legítimo de Venezuela al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó. ¿Y España? ¿Y Europa? Pues muy sencillo, templando gaitas, mirando al tendido y llenando de estiércol el nombre de los ciudadanos españoles y europeos devotos de la libertad y de la dignidad del ser humano. En Alemania, la ya impresentable Merkel, anda acojonadita con no desairar al ex KGB Putin, no vaya a ser que le corte el grifo del gas. Y en España el inefable Sánchez en crisis de ansiedad por no molestar a sus socios de extrema izquierda pro Maduro, no vaya a ser que lo dejen caer fuera de la Moncloa. Todo un espectáculo que llena de bochorno y vergüenza a millones de españoles y europeos que saben, por ejemplo, que niños y niñas venezolanos se están prostituyendo para comer. ¿Qué dirán estos niños de nosotros? No lo quiero saber. No cabe más vergüenza.

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