Se suele comentar, en el argot popular, "que las comparaciones son odiosas", lo cual, con ser generalmente cierto se acentúa todavía más el aserto cuando los elementos comparados tienen la misma relación que la velocidad con el tocino, demostración definitiva del flagrante error que suponen determinadas -casi siempre interesadas- comparaciones. Pues bien, algo de esto le ha sucedido al ínclito Pepe Guardiola con el famoso lazo amarillo.

Y es que cuando alguien va de sobrado, se imbuye de una suficiencia intelectual autoconcedida y vive de los réditos de una época en la que competía con un "malo" mientras él, era el "miccionador de colonia", a nivel de calle, por su estilo de "bueno". Pero resulta que todos nos vamos haciendo mayores, los vientos profesionales y personales son cambiantes y la colonia se ha vuelto turbia, la próstata puede resentirse y justificarse es turbidez con lo que las supuestas bondades públicas comienzan a decaer y salen a relucir complejos y resentimientos, disimulables con suficiencia y autoritarismo, el mismo del que suelen hacer gala el supremacismo -que siempre tuvo y le fue permitido- y el integrismo ideológico propios del radicalismo secesionista.

Por ello, su defensa del lazo amarillo: "El lazo no implica orientación política" porque, automáticamente, habla del autoritarismo opresor del Estado y reclama en un giro semántico ventajista libertad para los "presos políticos", acogiéndose a un gesto humanitario y aquí el supremacista termina de descubrirse y estropearlo todo cuando en un mensaje en cuatro idiomas, curiosamente ninguno en español, presuntuoso que es el personaje olvidando que el más analfabeto de los emigrantes termina aprendiendo la lengua del país donde trabajó, y hace comparación entre una cuestión política -han hurtado el símbolo amarillo- y los pacientes con cáncer cuando hace analogía con la acción de apoyo al golfista Jarrod Lyle, fallecido desgraciadamente.

¡Cuánta falta de sensibilidad y habla de ser humanitarios! Piensa que igual es incumplir la ley, decisión individual, que padecer una enfermedad sobrevenida. Cuánto te queda por aprender de la vida real, no la de los "superiores". Ya Imbroda, deportista también de élite, te lo ha dicho y podríamos recordar actitudes que se plantearon con algunos que te fueron cercanos.

No, ese no es el camino, el éxito es efímero, pasajero… la vida acaba poniéndonos en nuestro sitio. Podría hacerlo, pero no utilizaré mi conocimiento de los pacientes, los respeto tanto que solo alcanzo a decirle que su fallo es tan clamoroso que llega al nivel de un petardazo y que me permito calificar de: Guardio - lazo.

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