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Entramos en la cuarta semana de confinamiento (ya saben: encierro, cautiverio…), suficiente tiempo para hacer un primer análisis de reacciones personales ante el mismo. Durante estos días, hay personas cabreadas hasta la eternidad. Las hay que se desahogan enganchadas a la lejía, esparciéndola por rincones que ni sabían que existían, (eso sí, con guantes), y deseando vaciar la botella de una vez para aprovechar la oportunidad y salir a comprar chocolate. Otros, seducidos por las series, que descubrieron anteayer, consumen episodios con una avidez que jamás han sentido por nada y la comentan con el vecino de ventana en ventana. Están también los del teletrabajo (¿Por qué les gustará tanto esta palabra a los que la utilizan?). Se les pregunta: "¿Qué haces?" Y responden: "Yo teletrabajo", con una ilusión tan grande que, por hacerles un favor, le repites: "¿El qué?". Y bueno, no faltan los pseudointelectuales que dicen invertir casi todas las horas del día (a veces, sin ducha, siquiera) en leer y leer alguna novela (sólo si es del s. XIX) y, sobre todo, ensayos de neurociencia y meditación.

En este escenario, las preocupaciones y miedos que nos acechan no pueden eludirse con lo que nos rodea: Los padres obligando a los niños, (confinados, no se olvide), a hacer fichas absurdas e inútiles y revestidas a modo de hashtags con el "aprenden en casa", para que se entretengan. No se evita presumiendo de hacer ejercicio físico, dando saltos cada mañana delante de la escultural monitora que aparece en la pantalla de la tablet. Eso sí, como banda sonora, ese Resistiré a todo volumen, coreado y desafinado a voz en grito por los vecinos…

Malos tiempos para la lírica, que diría Golpes Bajos; pero, en este contexto, lo que realmente son golpes bajos son las publicaciones malévolas, esas fake news, que aparecen hasta en los medios, que se autocalifican como serios, para confundir a los españoles (y lo hacen ésos, que tanto quieren a España). Lo que es un golpe bajo, viviendo lo que estamos viviendo, es intoxicar a la población con rumores, mancillando a quien se ponga por delante. Lo que es un golpe bajo es entorpecer al Gobierno actual (mejor o peor, es lo que tenemos) inventando falsedades ex profeso o creando cuentas para difundir mentiras. Lo que es un golpe bajo es contentarse vomitando odios. Lo que no tiene calificativo es que ni en momentos tan delicados como el que vivimos, consigan nuestros representantes políticos llegar a acuerdos.

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