Siempre consideré un defecto, casi exclusivo de nuestro entorno, la sobrevaloración que hacíamos de aquel que aparecía por aquí, fuera la que fuese su actividad, y por el mero hecho de "hablar fino y bajito", de entrada, se le daba la razón y se le encumbraba en la faceta que correspondiera. Con el tiempo, no era excepcional que hiciera mutis por el foro, después de engañar a unos pocos y dejando una imagen de farsante, cuando no, de cobarde al huir por torcerse su "venta de humo" o sus negocios sin cimientos.

Pues bien, parece que ese error de apreciación se va generalizando y si se le añade el adobo del talante zapaterista -nos interesa la crispación, propugnaba el off- que no el talento, tenemos el perfil definido de uno de los grandes protagonistas de la vida política en el último año y lo que queda por venir, máxime si continúan las apariciones televisivas o los prodigios productivos del master-chef demoscópico, señor Tezanos. Habrán adivinado, pues, me estoy refiriendo al exministro-candidato, señor Illa, filósofo creador de la escuela "simonista", quizás, posible competidora de las ya, entre si discutidas de los hipócritas que defendían la distancia entre lo dicho y lo hecho, la mentira y la farsa o el predicar lo que no se practica… y la de los cínicos, preocupados, casi exclusivamente, del éxito y el triunfo como objetivo total y que como los definió Oscar Wilde: "Conocen el precio de todas las cosas y el valor de ninguna".

De ahí, los grandes postulados del filósofo Illa y sus principios simonistas. "Las mascarillas solo valen, cuando yo lo diga y sin reducir el IVA; solo habrá algunos casos; habrá vacunas para todos, sobrarán vacunas, la cepa inglesa… y así hasta casi el infinito, incluidos los recortes en las cifras de fallecidos.

Pero la gran clave de esta teoría filosófica está en la "cobardía" que, como suele suceder, está huérfana de ética cosa que un filósofo ilustre no debería jamás hacer abstracción de ella, ni siquiera hablando fino y bajito para disimular el escaso talento de las decisiones de su ¿gestión?, mucho más política y, como se ha visto, de promoción personal antes que sanitaria y obviando en las últimas semanas la rendición de cuentas en el Parlamento o la toma de decisiones incómodas electoralmente para poder "fugarse" buscando el éxito y dejando abandonadas las funciones que ¿ejercía? En unos momentos de especial gravedad, ignorando la ¿cogobernanza?, sin la mínima estética de no abandonar el barco en unos momentos críticos y consagrando el debate sobre quién es mejor: el hipócrita, el cínico y yo añado, el cobarde que elude responsabilidades sobre el beneficio general antes que el personal. Aunque pensándolo bien y lo diré lo más bajito que pueda, pues fino no sé hacerlo: "adiós, señor Illa, adiós" y que su candidatura se para bien de los suyos.

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