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Nuestros políticos, después de todo, son transparentes. Por lo que dicen y por lo que se vislumbra detrás. Díaz quiere gobernar sola. Si puede ser con un socio tan bizcochable como Marín. Ha dicho que Ciudadanos cada quince días decía en el Parlamento que ella cumplía su palabra y que ha dado un volantazo, por orden de Rivera, y ahora todo está mal. No es cierto. Marín se ha quejado en las sesiones de control de que incumplía el pacto de investidura, que no se reformaba la ley electoral, que no se creaba la oficina antifraude, que no se les daba sitio en el consejo de la RTVA, ni en la Cámara de Cuentas, ni en el Defensor del Pueblo... Pero lo hacía con tanto cuidado para que no se enfadara la presidenta, que ella, feliz, no se daba por enterada.

Moreno no aspira a ganar, sólo confía en la Providencia Divina para sumar con Ciudadanos 55 escaños. Pero está acelerado. Y no está solo en la sobreactuación. Le acompañan pesos pesados. Casado ha dicho en el Congreso que la Junta se gastó "mil millones en putas y cocaína", Tejerina se hace un lío con el retraso de los escolares andaluces y García Egea, para arreglarlo, dice que "el Gobierno andaluz gasta más en prostitución que en educación". Tras estas pistas, el PP hace bien en temer que Cs le robe votos y le dé el sorpasso. En todo caso en el partido preparan al posmorenismo con detalle.

Marín ha dicho solemnemente que no votará a Díaz para que siga de presidenta. Se le habrá partido el corazón. Choca con una cohabitación tan amable como la que han tenido en estos tres años y medio de asociación, pero se entiende: quien ha sacado provecho ha sido el PSOE andaluz, mientras su socio ha conseguido muy poquito lustre. Ya le pasó antes a IU y antes al PA. Escarmentada, Teresa Rodríguez ha prometido que Adelante Andalucía no entrará en el Gobierno. Hay que creerla, dada la antipatía superlativa que le inspira la presidenta. De ser cierto que Cs no seguirá haciendo el caldo gordo a los socialistas, a Díaz sólo le quedará la salida de un pacto de legislatura con Podemos+IU, que puede ser leonino para ella, dados los antecedentes.

En realidad todo gira en torno a la candidata del PSOE, a la que todos dan ganadora antes de empezar la carrera. Una presidenta que no quiere verse otra vez con el síndrome que Phileas Fogg, dando vueltas al arco parlamentario durante 80 días, para lograr la investidura. Ese riesgo es mayor ahora que hace cuatro años. Y ¿qué pasará si pierde escaños el PSOE? Hay una promesa de Díaz realizada el 15 de mayo de 2017, en el debate de las primarias. (Minuto 25 para quienes quieran repasarlo en YouTube). "Si el PSOE no remonta electoralmente, me marcharé. Lo haré sin hacer ruido, sin fracturar el partido". Lo argumentaba contra Pedro Sánchez, pero un vínculo tan solemne como ese de "o remonta el PSOE o me marcharé", debería obligarla también en Andalucía. ¿O eran promesas falsas?

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