Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

No es Facebook, somos nosotros

La trascendencia que damos a las redes sociales es mucho peor que la eliminación de la privacidad que han traído

La privacidad ha muerto. Bueno, murió hace tiempo. La crisis sanitaria ha encargado la esquela. No hay manera de que uno pase la frontera con Portugal y llegar a Praia Verde sin recibir un mensaje del Ministerio de Asuntos Exteriores con la información de dónde se encuentran los consulados españoles en el país luso. La inocente remisión a "no tengo nada que ocultar" no se sostiene, sencillamente porque no se trata de eso, sino de que no todo el mundo debe saber lo que hacemos, dónde, cómo y por qué. Si quieren compruébenlo con las redes de quien firma esto. Mis perfiles de Facebook y Twitter son exclusivamente profesionales, no tengo temor alguno en recibir un chantaje por imágenes comprometidas en los mismos. Uno siempre ha tratado de manejarse por la vida con esos valores que me enseñaron mis padres, donde la honestidad y la honradez son las únicas armas que impiden que pocos estén en disposición de darme lección alguna. En una comparecencia ante el Congreso de Estados Unidos, uno de los representantes elegidos le preguntó al niñato que dirige Facebook si le importaría compartir el hotel donde había pasado la noche en Washington. Obviamente, sí le importaba y no lo hizo. ¿Por qué cree que a nosotros sí nos importa?

La segunda derivada es la trascendencia que damos a esos perfiles, encaminados a conseguir likes a cualquier precio. Las redes sociales son un medio para comunicar, pero no son medios de comunicación. Lo he dicho varias veces, pero es que es cierto. Una cuenta de Facebook no está dirigida por profesionales, no se contrasta nada, ni se confirma, ni se valora. Es lo que hacemos todos los días en una redacción, con personas más o menos acertadas, pero que conocemos el percal.

No entiendo cómo alguien recibe un mensaje en cualquiera de las redes y actúa según le dicen. Ese es el verdadero problema. La gente lee sólo aquello que coincide con lo que piensa, no importa lo disparatado que sea. Si uno es conservador, un mensaje en el que se diga que Pablo Iglesias come niños crudos se convertirá en su tema de conversación por lo que resta del día; si está en el otro lado, otro en el que le digan que Vox quiere lapidar a quien no vaya a los toros, a misa, a cazar ,o beba Soberano, será el centro de su jornada. Todo hasta que surja otra barbaridad. Nada se pone en cuestión. "Lo dice Facebook", como si fuera el maná. El estar gobernado por inmaduros millonarios tiene mucho peligro. Dejarles hacerlo, es mucho peor.

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