Exiliados de ayer y de hoy

Y al final nuestros miedos se convierten nuevamente en su exilio, en su pobreza y en su desesperación

En esta tercera semana de 2019 tras cada titular aparece el adjetivo histórico: que si la alternancia en el Gobierno de la Junta, que si el Brexit que no rompe, que si el bloqueo de la Administración Trump. Una borrachera informativa imparable, con un efecto despiste que empaña el entendimiento, pero del que rescato cuatro hechos relevantes, conectados irremediablemente a pesar de la distancia, y que recoge qué se oculta tras este calculado caos.

Primero. En los astilleros de San Fernando se inauguró ayer el inicio de la construcción de barcos de guerra para Arabia Saudí, con la complicidad de los gobiernos de Rajoy y Sánchez, tan diferentes pero tan iguales en según qué cosas, y con la bendición del mismísimo alcalde de Cádiz. En ese acto ha dicho la presidenta de Navantia que estos barcos representan años de prosperidad y de trabajo. Al final se afirma tácitamente y sin sonrojo que el "fin justifica los medios". Que las corbetas matarán, pero "picha", hay que comer. Segundo. En otro giro extraño de los acontecimientos el Gobierno de España ha denegado al barco Open Arms, otro barco, pero este de No Guerra, que salga del puerto de Barcelona. Permitió que desembarcara en Algeciras a más de 300 personas rescatadas, pero ahora, en otra decisión política, se deniega la partida. Tercero. Ayer también, y bajo el mandato del mismo Gobierno que rubricaba la construcción de las corbetas, se ha escenificado en el Senado un perdón histórico, un homenaje a todas aquellas personas que tuvieron que exiliarse por tener alma republicana tras el golpe de Estado franquista. Aunque con poco eco ha sido uno de esos gestos de reconciliación y recuperación de memoria tan necesarios en los tiempos que corren. Ochenta años después reconocemos el desastre. Y cuarto. En el mismo día en el que banderas republicanas ondeaban en una cámara de representantes en España, otra marea de refugiados centroamericanos empieza el camino hacia Estados Unidos.

Son cuatro vistazos que explican la actualidad. Los señores de la guerra compran armas con las que siembran el terror en sus territorios, con las que matan y empobrecen el futuro de millones de personas. Las políticas titubeantes ancladas en el voto para mantener el poder, y en el supuesto mantenimiento de nuestros privilegios los amparan. Y al final nuestros miedos se convierten nuevamente en su exilio, en su pobreza y en su desesperación.

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