En tránsito

La Estrella Ajenjo

Las predicciones apocalípticas se suceden un año tras otro, y al final las cosas nunca resultan ser como se nos habían anunciado

Sabemos muy pocas cosas del autor del Apocalipsis. Sabemos que se llamaba Juan. Sabemos que vivió en la isla de Patmos, adonde parece que fue desterrado por predicar el cristianismo en tiempos del emperador Domiciano. Pero apenas se sabe nada más de ese personaje misterioso que escribió uno de los textos más misteriosos que conocemos. Hay quien dice que el autor del Apocalipsis murió martirizado en Éfeso cuando fue arrojado a un caldero de aceite hirviendo, pero lo más probable es que este final fuera un invento (las fake news son tan antiguas como la humanidad). Lo único que sabemos con certeza es que el autor del Apocalipsis escribió un texto que parece escrito con azufre y fuego. "Sonó el tercer ángel, y una gran estrella cayó del cielo ardiendo como una antorcha, y cayó sobre un tercio de los ríos y sobre las fuentes de las aguas. El nombre de la estrella se llama Ajenjo. Y un tercio de las aguas se convirtió en ajenjo, y muchos hombres murieron a causa de las aguas, porque se hicieron amargas". Ni Céline ni Dostoievski ni el más flipado de los raperos ha escrito nada que pueda compararse con esto. Y hasta el más transgresor de los surrealistas parece un monaguillo al lado del tétrico resplandor de la Estrella Ajenjo.

El caso es que la literatura apocalíptica nunca ha dejado de fascinarnos, y más en estos tiempos de obsesión -muy justificada- por los desastres del cambio climático. "Entonces sonó el quinto ángel, y vi una estrella del cielo que había caído a la tierra, y se le dio la llave del pozo sin fondo. Abrió el pozo sin fondo, y salió humo del pozo, como el humo de un gran horno; y el sol y el aire se oscurecieron por el humo del pozo". Estas palabras fueron escritas hace dos mil años, pero parecen escritas hoy mismo por muchos "expertos" que nos auguran un cataclismo inminente a causa del cambio climático. "La humanidad es culpable", gritan estos expertos. "Todos moriremos si no hacemos algo", nos aseguran desde sus confortables cátedras. Y sí, es cierto que la cosa pinta muy fea, pero también es verdad que las predicciones apocalípticas se suceden un año tras otro y al final las cosas -por fortuna- nunca resultan ser como se nos habían anunciado. El mismo Juan de Patmos estaba convencido de que iba a presenciar el Apocalipsis. Y al final, sí, el Apocalipsis llegó, pero en forma de aceite hirviendo.

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