Pongámonos a la altura de la calle, vale. Esa que diariamente pateamos cada uno con sus cuitas a cuestas. Bien. Sabido es que este país sufrió una crisis económica en 2008 de la que no nos habíamos recuperado cuando nos cayó encima la calamidad. El tsunami pandémico llegó y arrasó con todo, hasta con los sueños de los más jóvenes. Es decir, se llevó por delante el devenir previsto, meticulosamente calculado por todos aquellos que poco a poco y con mucho esfuerzo, iban sumando ladrillos a la construcción del edificio que los sostendría en lo venidero.

Poco antes del desastre hubo elecciones en España y el pueblo soberano constituyó una cámara de representantes de la que salió un gobierno legítimo. A pesar de ello, desde aquel momento, la derecha española en bloque, un día sí y otro también, como si le hubieran robado algo que les pertenece por derecho de pernada o por designación divina, se ha empeñado en manifestar en un bucle continuo que ese gobierno es alegal, ilegítimo, socio comunista, filo etarra, y no sé cuántos comodines más que repiten como un loro como si iterándolos pudieran llevar razón en lo que dicen. La oposición, excepto en el dramático momento de la catástrofe natural que viven los habitantes de la isla de La Palma, no ha encontrado nada positivo en la acción de gobierno desde que perdió la oportunidad de asumir el poder. Y esto no es de recibo y diré el porqué.

¿Ninguna de las medidas adoptadas por este gobierno pueden ser consideradas como aceptables? ¿Ninguna? ¿En la respuesta a la agresión cometida por Marruecos en Ceuta, en sanidad, en educación, en prestaciones sociales, en juventud, en igualdad, en medidas paliativas para los que menos tienen o en las múltiples iniciativas que ha adoptado hasta la fecha? ¿Ninguna ha merecido siquiera un leve reconocimiento?

Pues, parece que no. Y eso no es servir a España y a los intereses de los españoles, porque hasta les ha parecido mal el planteamiento de la patronal en algunos momentos e incluso las declaraciones del Papa de la iglesia de Roma. Que ya es decir.

Estrategia, solo estrategia de acoso y derribo, es el único recurso de la derecha. Y eso no es trabajar para España, es hacerlo con un único fin, conseguir el poder a toda costa. Y es legítimo, sí, pero, que midan muy bien sus pasos, porque los españoles no van a olvidar esta afrenta. Y que conste que Sánchez no es santo de mi devoción, pero, Casado, Abascal y Arrimadas mucho menos.

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