Visiones desde el Sur

Epidemia

Los detentadores del poder, esos usurpadores de la democracia real, han vuelto a hacerse con las riendas

Vivimos en un mundo detestable, políticamente incorrecto, aunque legalmente se ajuste a Derecho. Que ya es decir con la que está cayendo. Ni siquiera en los mejores momentos de lo que se ha dado en llamar la sociedad del conocimiento, como los que estamos viviendo, en donde la información puede estar y de hecho está, al alcance de todos, la política -tan necesaria a mi entender- endereza su rumbo buscando el interés general: el bienestar de todos.

No. Sigue en sus trece, asumiendo la tradicional fórmula que dio sentido a la asunción del poder organizado: controlar, ningunear, hacer claudicar a los otros, ponerlos de rodilla o ignorarlos, que es lo peor en estos momentos. Estamos ciegos por exceso de información: ese es el maldito, reprochable y deleznable juego.

Para ello, los detentadores del poder, esos maniqueos, esos usurpadores de la democracia real, han vuelto a hacerse con las riendas -si es que alguna vez la perdieron- de los laboratorios de opinión, o, simplemente, los han creado ellos mismos, o los han comprado, buscando el interés crematístico y la consolidación de su credo, sea cual fuere, imponiendo su visión del mundo a base de la reiteración continuada de mentiras, de la ocultación de la verdad, de inundar los periódicos y los medios audiovisuales y las redes sociales y todo aquello que pueda generar incondicionales adeptos, con pantagruélicas soflamas, con un único objetivo, lavarnos el cerebro e impedirnos la posibilidad de pensar libremente y con criterio.

Hay miles, cientos de miles de personas, puede que millones, dedicadas a auscultar, estudiar, diagnosticar, y en su caso diseñar, metódica y profesionalmente, con la parsimonia de aquel santo de la paciencia, y con la mejor y más potente maquinaria telemática necesaria para ello, cuáles son los resortes que han de tocar a las sociedades, en cada lugar, en cada país, para que la opinión pública, ese constructo que define la suma del pensar de todos, sea manipulable en función de intereses que nada tienen que ver con los nuestros, con las sociedades que sufren esta tiranía de la propaganda llena de vacías palabras y en donde se esconde lo más abyecto, lo reprochable y lo inaceptable; tal como decía, lo políticamente incorrecto.

A la ciudadanía, que le den, parecen decir los hechos y también las manifestaciones de estos oráculos cóncavos o convexos, según. Palabras vacías, marketing y propaganda, es lo que tenemos: una epidemia, mire usted.

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