Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Elogio de Ana Pastor

El discurso de despedida de la imprescindible Ana Pastor como presidenta del Congreso fue emocionante. Una diputada de Podemos lloró al escuchar a la diputada del PP, hecho que a uno lo reconcilia un poco con la vida política española. Pastor es un símbolo discreto, y su posible abandono de la política confirma un cambio de tendencia en las formas políticas, un cambio generacional. Habló de mujeres en su breve plática, de su notoria presencia en el hemiciclo, y comparó este hecho con un cuadro de su despacho, de 1908, en el que sólo las había en la tribuna de invitados: esposas.

Ya ante los micrófonos, recordó la obviedad de que la violencia de género es machista, o sea, que las palizas, las violaciones y las muertes en pareja son cosa de hombres. También dijo que no podría aliarse con quienes niegan esto -o sea, Vox- y cocinan albóndigas de datos falsos o sesgados sobre estos hechos, que son una pandemia y una vergüenza para todos los que la tienen. Que Pastor, muy de Rajoy en su carrera y en sus maneras, se vaya y se quede Casado y su estrategia de mensajes directos a la vena, buscando que no le mojen la oreja Abascal y Ortega Smith, es no sólo demográfico y evolutivo: es sintomático de un cambio de era y sus lenguajes.

En otro momento, una joven me invita a adscribirme a una tertulia. Me excuso de plano -tarde, pero uno acaba conociendo el íntimo deleite que produce un buen No-, y en la salida de la charla de ascensor, al comentar la mayoría femenina de su círculo vespertino de libros y vino tinto, la veinteañera me deja listo y ojiplático: "Es lo que yo digo: no soy ni machista ni feminista". Alcancé el placer del No, ya digo, pero aún no tengo coraje para responder a tal disparate. Por ejemplo así: "Remedios, hija, eso es como identificar a una enfermedad con su medicina". (Excluyo en este juicio las diatribas antihombre de algunas feministas de la llamada Cuarta Ola).

Para completar este collage sobre el machismo, diré que apenas unos días antes el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, afirmó henchido de dignidad: "Dimitiré si sale un Gobierno de extrema derecha machista". Busqué en la noticia si había apostrofado su compromiso con un "…antes de que me manden al motorista con el cese". El poeta granadino aprovecha un tren barato para confundir churras y merinas, y de paso recordar su superioridad moral ante todo el conservadurismo, que para él es indistinto y troglodita. Me quedo con las palabras de Pastor y con la emoción de la diputada de Podemos, Gloria Elizo.

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