Cuando jóvenes, adolescentes, diría yo, había un personaje que daba motivos para la broma y la diversión, por supuesto, sana y que viene al caso del esperpéntico, no por ello deja de ser gravísimo, espectáculo del espionaje al que estamos asistiendo los ciudadanos y que nos hace movernos entre la incredulidad y el temor sin abandonar la sensación de incompetencia que generan la torpeza gubernamental y la ambición desestabilizadora de los "socios" que sostienen, por ahora, a un Gobierno, tambaleante, errático e incapaz que solo tiene un objetivo, el sostenimiento del Presidente.

Pues bien, dentro de lo trascendente del tema, vuelvo al comienzo con aquel personaje que era referente entrañable cuando contemplábamos su actitud en los paseos por las calles más céntricas. Me refiero a Diego: "el espía". Lo citaba, recientemente, el buen amigo Rafael Delgado, en un chat antológico, donde repasaba la "iconografía" de la Huelva que vivimos varias generaciones y nos retrotraía a unos tiempos de escaso cosmopolitismo, pero con acusada personalidad y entrañables relaciones, reflejos del "alma" de una ciudad pequeña y de cabezos que como él - junto a mi hermano Eduardo - escribieran en su día: "Huelva, cuando llovía, igual que en las pesadillas tenía la sangre amarilla".

Dirán ustedes, ¿qué clase de historia nos cuentan hoy? Muy sencillo, es tal la falta de seriedad, rigor e incompetencia, además de desmadre político, incluido el Gobierno de coalición, que están poniendo, después de los cuantiosos destrozos institucionales ya efectuados, sobre la mesa de la opinión pública la desnaturalización de una de las estructuras fundamentales de la Seguridad Nacional como es el CNI.

No hay un político mínimamente inteligente que ponga en evidencia a sus propios Servicios Secretos y tampoco que dé entrada en la comisión correspondiente a los adversarios del modelo estatal democrático establecido. Es concebible, la crítica, el debate… entre socios, pero no es de recibo que sea en el propio Consejo de Ministros donde se propugnen dimisiones entre ministros del propio Partido o del coaligado. Habrá "cabeza de turco" con tal de no poner aún más en riesgo la estabilidad gubernamental y salvar al Presidente, pero será solo un aplazamiento de la caída.

Con Diego, en su pretendida simulación de observación y espionaje, no había, lógicamente, alardes tecnológicos. Sin embargo, sí contraseñas ¿encriptadas? Para que él diera respuestas: "Redondo, redondo" … "en medio lo pongo", dicho esto frente al escaparate de un comercio, quedaba cumplido el objetivo.

No es esa como comprenderán la situación de nuestros agentes secretos que se la "juegan" en muchos sitios, pero sí es la sensación que está dando un Presidente al que la Oposición está ayudando frente a algunos de sus ministros. Oposición, a la que no agradecerá nada y de la que filtrará lo necesario para perjudicarla.

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