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Derribando tabúes

Las fuerzas oscuras de este país han mantenido oculta 'La Regenta', la novela espléndida de Clarín

Desde hace cierto tiempo se han precipitado tantos acontecimientos que circula la costumbre de preguntarse si no estaremos asistiendo a un cambio de época o incluso de era. Debe tratarse de una curiosa forma de buscarle una justificación a nuestra incertidumbre ante panorama tan movedizo, pero resulta difícil encontrar una voz seria que dictamine con claridad cuando se pisan ya los umbrales de otra época y no digamos ya de otra era. Sin embargo, hay un medio para comprobar si se ha producido eso que últimamente llaman la aceleración de los tiempos. Y Massimo Recalcati, en un libro reciente, Los tabúes del mundo (Anagrama), explica el porqué de esta vorágine en la que se traspasan y superan los grandes obstáculos y límites morales respetados hasta hace poco de manera férrea. Baste recordar que el adulterio de Madame Bovary que le costó todo un proceso a Flaubert, un siglo más tarde ya era la novela que servía a la juventud francesa para iniciarse en su vida sentimental. Da pena que otro tanto no haya sucedido en España con La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, esa novela espléndida que han mantenido oculta las fuerzas oscuras de este país, retrasando así que la juventud española pudiera explorar, sin traumas ni prejuicios, otras formas de vivir. En estos días, otro libro también permite recordar otro tabú derribado: la traducción de Los diablos enamorados. Introducciones a la literatura erótica, de Guillaume Apollinaire (El Paseo). En el año de su publicación, 1908, en Francia hubo que enmascarar estos textos como si tratase de una colección erudita, reservada sólo para bibliófilos, una cauta forma de disimular su llamativa sexualidad. Pero, aparte de la calidad y gracia de estos prólogos, Apollinaire supo, por primera vez, desvelar y proponer el primer canon que habría de servir de referencia para adentrarse en la riquísima literatura erótica francesa, que es tanto como decir, la que alimentaba todos los tabúes prohibidos de nuestros sueños. Reeditando este libro no solo se rinde homenaje a la amplia gama de libertinos franceses, supone también simbólicamente abrirle viejas fronteras que estuvieron cerradas a los lectores españoles. Pero, por si acaso, estas transgresiones de tabúes literarios, aún despertasen resabios morales, no podía resultar más oportuna la publicación de La libertad de la pornografía, de Ana Valero (Athenaica) una reflexión polémica y apasionada que aclara y justifica la necesidad de tales derribos.

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