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Resulta bochornosa, aunque uno esté ya curado de espanto, esta oleada fake que nos inunda como la más desoladora y perversa gota fría. Se miente por doquier: en discursos, ruedas de prensa, donde los periodistas callan y no repreguntan, en tertulias donde los intervinientes guardan silencios sospechosos, en titulares e informaciones diversas que nadie después desmiente. Unos y otros se culpan del fracaso a la hora de conformar un Gobierno para una necesaria España sostenible. Desde el primer y principal responsable del fiasco hasta los propios ciudadanos que no reconocen su decisivo compromiso electoral, el país que parecía haber desterrado inclinaciones sectarias, enfrentamientos inútiles y conquistado una sociedad honesta, tolerante, igualitaria sin extremismos ni nacionalismos trasnochados y supremacistas, plural, libre y emprendedor, se ve asaltado a diario por quienes no hacen más que dividirlo y estremecerlo con amenazas -otra vez el terrorismo- y disensiones intolerables.

Es inconcebible, es repulsivo si me aprietan, que EH Bildu, socio de los socialistas en Navarra, pretendiera que el Parlamento Vasco exija a los líderes del PP, Cs y Vox que no hagan campaña en el País Vasco de cara a las elecciones del próximo mes de noviembre, registrando una proposición no de ley en la que reclama este veto público por parte de la Cámara. No hacían ni más ni menos que esgrimir los mismos argumentos que utilizó la banda terrorista de ultraizquierda, ETA, afirmando que su presencia en el territorio vasco está encaminada a "tensionar la convivencia" y "causar incidentes y momentos violentos". Tal proposición no era sólo explícitamente antidemocrática y totalitaria, sino absolutamente contraria al ejercicio político en un Estado de derecho. El veto de los partidos vascos a esta propuesta de los bilduetarras es lo menos que podía exigirse en un ámbito constitucional como el que rige en España. Se vieron obligados a abortarla. En el mismo sentido resulta inaceptable y condenable que Quim Torra se niegue a retirar la pancarta de la Generalidad pidiendo la libertad de los políticos presos, repitiendo la actitud adoptada con los lazos amarrillos por lo que ha sido procesado. Es inaudito que se criminalicen declaraciones de unos y se silencien y toleren comportamientos totalmente inconstitucionales de otros.

Acciones y falsedades que tensionan esta precampaña electoral protagonizada singularmente por el propio presidente en funciones, pretencioso y prepotente, que se atreve a arrogarse la voluntad del pueblo poco menos que proclamándose el legítimo depositario de la Jefatura del Gobierno. Tras su evidente fracaso es lógico dudar de su madurez política. Otro petulante, Aitor Esteban, afirmaba que "ha habido una inmadurez política brutal". Se habla de comportamientos adolescentes. ¿Tal vez infantiles? Lo peor es que ese infantilismo lo compartan muchos comunicadores. Otro relato. Demasiados relatos.

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