En nuestro país se han promulgado leyes con nombres confusos (Ley Concursal en 2003) o con nombres idealistas y ambiciosos (Ley para la Mejora y Calidad Educativa en 2013). Pero en 2007 se promulgó una ley, ampliamente demandada, la Ley de Memoria Histórica, que aportó al vocabulario legislativo un cierto toque nostálgico y que intenta reparar el pasado a partir de la documentación existente sobre el mismo.

La Memoria Histórica cobra actualidad gracias a ese grupo de ultras (de cuyo nombre no quiero acordarme), que ganan popularidad solamente por nombrarlos, y que con el apoyo del PP, pretende sustituirla por una Ley de Concordia, despreciando así que el pueblo debe conocer las opresiones vividas, puesto que pertenecen a su patrimonio. No deja de ser curioso que este movimiento para anular la Memoria Histórica surja en Andalucía donde fue votada por unanimidad en su Parlamento y donde más represiones y fosas comunes se contabilizan.

La crítica más generalizada hacia la Ley de Memoria Histórica es que la memoria no es imparcial, pero no puede serlo. Cada persona recuerda con mayor intensidad aquello que más dolor le produjo. Pero tampoco son imparciales los archivos y legados existentes, ya se sabe que la historia la escriben los vencedores. Ni siquiera la verdad es neutral, porque hay muchas verdades.

Una calle con el nombre de una persona puede ofender a unos y enorgullecer a otros. El Ayuntamiento de Huelva es posible que haya encontrado la solución. En la entrada hacia el parque Moret por la Avenida de Santa Marta hay una plaza pequeña, rodeada de plantas, que lleva por nombre "Plaza de Súper Mario Bros". Ya saben, ese fontanero convertido en héroe y protagonista de videojuego, que salta evitando enemigos y buscando powers ups. Por si alguien tuviese duda sobre la identidad del personaje, en la misma plaza hay un humilde monumento en su honor.

En fin, si tanto daño hacen a republicanos y franquistas los nombres de las calles o los monumentos, si la persona homenajeada no es de su ideología ¿por qué no probamos a evitarlos? Se podría aprender del callejero del barrio del Torrejón agasajando con el nombre de una flor a las calles (calle Camelia o Alhelí o Geranio…) o bien utilizar nombres de personajes asépticos, si es que existen. Una buena Ley de Concordia, sustituiría la calle General Mola por la calle Bob Esponja, la calle Largo Caballero por calle de Mickey Mouse o mejor por Elsa, de Frozen, ya que no hay nombres de mujeres en el callejero.

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