Hace días leía un artículo, decía que ni el calor es calor, ni el verano es verano, ni España es España. Se refería a esa realidad que estamos teniendo en este estío que vivimos con el cambio climático que padecemos. Me hizo gracia y me acordé de una frase que siempre que ocurrían estas cosas me decía un familiar muy querido. Cuando el tiempo se alteraba, como en este año, me repetía: ¡El verano no se lo come nadie!

Quería decir que tarde o temprano las cosas llegan y que a lo mejor esos calores propios de la estación están todavía por venir.

Ciertamente hay cosas que pasando el tiempo, nos desespera su llegada, por ejemplo la adecuación de nuestras Costas para ofrecer no solo un servicio sino también una imagen digna de lo que queremos promocionar.

Muchas veces la culpa no sólo la tienen los ayuntamientos -que también- sino ese conjunto de administraciones que nos hemos inventado en este país y que a veces nos confunden con sus prioridades, con sus competencias y sus colores políticos.

Si miramos a la carretera de Huelva a Punta Umbría podemos observar ciertos tramos en mal estado, pero si entra usted en Punta, es de vergüenza cómo está la Avenida del Océano: carretera cortada, baches, badenes en mal estado, tapaderas de alcantarillas medio sueltas y así seguiríamos… ¿Quién tiene la culpa? ¡Vaya usted a saber! Primero sepamos a quién corresponde la obligación de la reparación y el mantenimiento. Luego exigir su arreglo. Total, Fuenteovejuna.

Esto sería un pequeño ejemplo, pues en verdad la auténtica denuncia está en el olvido de arreglar a su tiempo lo que llamamos puntos claves para el turismo de verano.

Si queremos que Huelva presuma de sus ciento veinte kilómetros de costa, tenemos que preocuparnos de ellos. Son increíbles los impuestos que algunos ayuntamientos exigen y el descuido y la inoperancia para presentar sus playas y los accesos a ellas en orden, limpios y cómodos.

Hoy hemos titulado este breve comentario Carreteras, cuando deberíamos haber escrito Abandono.

El verano continúa y nos vamos haciendo, como siempre, a aguantar las indolencias de quienes tienen que preocuparse por cuestiones que nos van muy directamente a proteger un futuro mejor.

Después cuando llega el invierno nadie se acuerda de nada. Y así nos va.

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