Viendo una postal antigua de Huelva, donde, desde la ría, se vislumbra un pequeño pueblo del siglo XIX, entre brumas y montes, pensaba en esas estampas tradicionales de un Belén que estas fechas navideñas nos acerca más a nuestras tradiciones hoy tan vapuleadas por culpa de la política. Y compruebo como en esas imagen de ayer el signo más significativo que ofrecía el cuadro localista eran los cabezos que rodeaban y abrazaban a la vieja Onuba.

Siempre he sido un enamorado defensor de los conocidos cabezos onubenses .Quizás la razón de ello, entre otras muchas cuestiones, sea porque nací muy cerca de uno de ellos que como un altar del Conquero preside, en un segundo plano, el barrio de la Merced. Los niños de la Huelva lejana en el tiempo, supimos disfrutar de estas elevaciones naturales, donde nuestros juegos y travesuras eran el pan nuestro de cada día. Ellos eran nuestras metas de aventuras, de recorridos y de guerrillas infantiles.

Al paso de los años, muchos de aquellos cabezos, para mi principalmente el de la Joya, se convirtió en un lugar apasionante para investigar e intentar descubrir el pasado histórico de Huelva, aprendiendo de magníficos amigos, arqueólogos, el valor de aquellos lugares abandonados en la desidia, donde se guardaban los tesoros más ricos de nuestros siglos perdidos ya en el tiempo.

El Cabezo de la Joya nos ofreció, solo con profundizar un poco el terreno, las sorpresas más grandes que pudiéramos imaginar. Hoy, esos testigos de la historia local, premio al interés de los estudiosos, se encuentran muy bien conservados en nuestro Museo Provincial, esperando que algún día con muchos otros objetos hallados en muchas esquinas de nuestras calles y plazas, pasen a ese altar expositivo que esperamos con tantas ansias y que será el Museo Arqueológico, en plena plaza de las Monjas.

Hace algo más de medio siglo escribí una serie de reportajes en nuestro recordado Odiel donde bajo el titulo Los cabezos descubren su historia, dentro de un concepto general al que llamé De Saltes a la Joya, dejé recuerdos de aquellas excavaciones que fueron señeras por su importancia y que plasmé en un libro, que ahora en este año ha visto su segunda edición, ampliada con una serie de fotos inspiradas en bellos cuadros sobre nuestros cabezos onubense. El crecimiento urbano de la ciudad ha ido a través de los años encerrando estas elevaciones, nuestros cabezos, llegando hasta ahogar su visibilidad desde ciertos enclaves locales.

Huelva, la Huelva moderna es otra, pero su fisonomía de siempre debe conservarse para seguir estudiando e investigando lo que sus cabezos ocultan, mas hoy en que la ilusión de un nuevo Museo Arqueológico, tenemos a mano un material expositivo in situ que es un autentico premio para la Historia de Huelva. Cabezos sucios y abandonados no. Cabezos cuidados, limpios, peinados en sus laderas y sobre todos investigados a fondo por nuestra querida Universidad, sí. Los cabezos son como la montera que completa ese traje de luces que es Huelva.

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