Desde este lunes Punta Umbría se ha llenado con 8.500 estudiantes lusos, ávidos de diversión, y con una tropa de 1.500 figurantes que vienen para divertirles. Una macrofiesta que lleva celebrándose unos años y que muestra el modelo de diversión hiperconsumista que tanto ha arraigado entre los más jóvenes. Los empresarios de Punta se frotan las manos con esta llegada de turistas y claramente es un evento que entronca con la apuesta decidida por el turismo como motor de nuestra economía. Esta estrategia de turistizar la comunidad genera un consenso inusitado entre casi todos los representantes políticos, aunque la duplicación de llegadas de turistas en los últimos años aún no ha generado ni más empleo, ni más calidad en el empleo, ni más futuro.

Acabar con la estacionalidad, construir un aeropuerto, adaptar las infraestructuras… son las proclamas diarias. Lo que realmente subyace son invitaciones a provocar que toda la vida económica gire en torno al turismo, privilegiándolo ante otras actividades tradicionales o de transformación.

No se ha hecho aún una reflexión multidisciplinar profunda sobre esta estrategia, incluyendo extremos como la sostenibilidad ecológica y los límites permisibles, o el tipo de servicios a crear, algo peligroso. Y además no es la primera vez que somos engatusados por algún lobby empresarial y nos desvivimos inocentemente, lo ocurrido con la construcción a toda costa es un buen ejemplo de resbalón sin remedio.

Uno de los aspectos que no suelen aparecer en los análisis económicos son los efectos etnológicos, sobre todo culturales y sociales, que puede tener el cambio apresurado del modo de vida sobre las comunidades, en este caso el reconvertir apresuradamente un pueblo de pescadores en uno de servicios turísticos. Los vínculos con la tierra, el enorme capital histórico cultural, la importancia para toda la provincia de su idiosincrasia, son incalculables. La duda sembrada hace que además muchos jóvenes piensen que la única escapatoria económica sea el sector turístico, algo completamente falso, hablamos de un sector muy frágil y que además tiene poca rentabilidad real.

El turismo como fuente económica merece todo el interés, pero con una estrategia mesurada y sumada a otros elementos de generación de riqueza, los monocultivos solo tienen un futuro a medio: la muerte por inanición. No pensemos sólo en el negocio, hay algo más importante y es la capacidad de vivir dignamente donde uno ha nacido.

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