Visiones desde el Sur

Buscando salidas al pensamiento

El apego a la ficción me ayuda a comprender la realidad mucho más que todos los boletines oficiales

Esta semana he intentado olvidar el burdo mundo que me (nos) rodea, con ese conjunto de juegos malabares, de triquiñuelas, esbozado tanto por los líderes políticos nacionales en la conformación de un Gobierno, como por otros tantos internacionales, pronunciándose de manera peregrina respecto al uso de armas por parte de civiles, los inmigrantes que nadie quiere y que andan en pateras o en barcos de ONG para acá y para allá, y un sinfín de maldades que se me agarran al cerebro, atenazándolo, como lo hace una madreselva.

Por intentar desconectar de tanta bajeza, me he dedicado a leer, a leer otras cosas, arañándole vigilia al sueño. Sé que puede parecer paradójico e incluso patológico, pero el apego a la ficción me ayuda a comprender la realidad mucho más que todos los boletines oficiales del mundo. He vagabundeado estos días por las novelas El inútil de la familia de Jorge Edwards (Alfaguara), El pan a secas de Mohamed Chukri (Cabaret Voltaire), Malina de Ingeborg Bachmann (Akal Literaria), y los opúsculos Desde un mar de silencio de Mari Luz Escribano Pueo (Cuadernos del Tamarit) y Cartoons de Javier Sánchez Menéndez (Isla de Siltolá), del que debo resaltar su magnífica impresión, la pérdida de la virginidad de Tintín, las trapacerías de Mafalda y Betty Boop y, sobre todo, las originales ilustraciones de Pámpano Vaca -que pensando estoy en recortarlas y enmarcarlas-.

Que por qué estos textos y no otros, bueno, he realizado cambios en casa y se me han aparecido como los adecuados para leer en estos instantes. La cruda realidad no es la que explican los políticos, es obvio. Que un ministro diga que se ducha con agua fría desde que lo nombraron responsable de medio ambiente me parece patético. Que otra ministra exponga que los jóvenes se marchan de España voluntariamente por cuestiones de movilidad, me avergüenza. Que alguien con responsabilidades gubernamentales diga y siga diciendo y diciendo que España va bien, que está en la senda de la recuperación… no vive en la calle, no comulga con la ciudadanía, no conoce sus cuitas, sus pesares, las dificultades que nos atormentan o, más bien, miente como un bellaco. Desde luego no conoce el terror que supone tener nada, poder ofrecer nada: ser nada. La realidad que cuentan los oráculos aparte de atormentarme me aburre y, a veces, se manifiesta con una inflamación de las hemorroides. He decidido continuar leyendo por salud física y mental.

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