Ansia viva

Óscar Lezameta

olezameta@huelvainformacion.es

"Pues tampoco es para tanto"

Poner en cuestión la hazaña de Kipchoge por las liebres o las ayudas externas es no valorar un hito sideral

Había corrido más que suficiente para mi juicio, aunque el teniente que mandaba la compañía no estuviera de acuerdo conmigo. Dado mi contenido tamaño, me resultaba relativamente fácil ponerme detrás de todos y que nadie se diera cuenta de mi presencia, pero un oficial es un oficial y al tercer día me pilló. Junto con un médico de Granada que ponía en práctica la misma estrategia, fuimos sorprendidos con un irreverente, "ustedes dos, en la primera fila". El descojone fue general, incluso el suyo, para qué negarlo. Eso nos sirvió, de manera sibilina, para llegar a la puerta del cuartel que distaba apenas doscientos metros de nuestro edificio en nuestra posición habitual, es decir, los últimos. El orden natural se restableció a lo largo de la interminable carrera y llegamos cuando el resto salía de las duchas.

Viene esto a cuento para que vean mi predisposición para ponerse unas mallas, una camiseta hiriente a la vista y lanzarme a correr calle abajo, o arriba que es peor. No obstante, ayer fui de los que vi a Eliud Kipchoge, un keniano que se empeñó en demostrarnos que los límites humanos son más lejanos de los que nunca pensábamos. Me recordó esos mismos momentos que viví con, Carl Lewis, Pietro Menea, Alberto Juantorena, Sebastian Coe, Steve Ovett, Steve Ram o Michael Johnson.

Al mismo tiempo, eché unas cuantas pestes acerca del país cainita en el que vivimos. Recordé a Fernando Fernán Gómez, cuando decía que el gran pecado de España no es la envidia, sino el desprecio. En efecto, no envidiamos a Cervantes, sino que tras leer El Quijote, algún imbécil suelta aquello de "pues tampoco es para tanto". Con los deportistas es todavía peor y Gasol o Fernando Alonso son un par de viejos fracasados que no valen para nada. A Nadal le llegará.

Lo digo porque posiblemente (bueno, seguro) los medios de comunicación españoles hayan sido los más insistentes (y pelmas) en detallar las ayudas con las que ha contado este torpe para batir una mejor marca que no será nunca homologada. Tiene pantalones la cosa; un tío que es capaz de correr el kilómetro en menos de 2:50 (el récord de España de esa distancia es de Fermín Cacho en 2:16) y así 42 veces seguidas, es porque va acompañado de unos señores que le quitan el viento, le marcan el ritmo o que le ponen un láser delante para ver si vapor delante de su objetivo o no. Lo de Kipchoge es de aurora boreal, un hito, una hazaña que tardaré en olvidar y cuando la recuerde, sabré que yo lo vi.

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