He de recordar la cita evangélica de san Mateo (10,16-23): "Yo los envío como a ovejas en medio de lobos", al oír y leer tantas despiadadas críticas al discurso del rey, Felipe VI, pronunciado la pasada Nochebuena. Todo el mundo puede criticar o juzgar cuanto quiera y le merezca esa crítica. Pero no cabe en un juicio justo ni la insidia, la manipulación, la falsedad, las artimañas artificiosas e interesadas, las argucias maliciosas y la animosidad manifiesta. Ésta ha sido la flagrante actitud de las autoridades catalanas, entre otras. No cabe pensar otra cosa de la opinión del presidente de la Generalidad, Joaquín Torra, cuando afirma que "en Cataluña no hay un problema de convivencia", sino de "democracia y justicia". Añadiría, por si fuera poco, su animadversión a la monarquía, diciendo: "No la consideramos propia". Resultaría corta esta columna para rebatir tanta iniquidad con argumentos más que sobrados para echar por tierra la vileza de esa opinión absolutamente espuria.

En el mismo despreciable talante se mostró el presidente del Parlamento catalán, Roger Torrent, defendiendo que Felipe VI avala "la violencia en Cataluña" y "abre las puertas a la extrema derecha de Vox". Tamaña afirmación supone una artera instrumentación y una miserable argucia para desviar perversamente la pulcra y prudente alocución del monarca. Y recordó insidiosamente que el discurso de 3-O "es el pistoletazo de salida electoral de la extrema derecha". Tampoco se quedó atrás el exconsejero de Acción Exterior de la Generalidad y candidato de Esquerra Republicana a la alcaldía de Barcelona, Ernest Maragall, al asegurar que las palabras del Rey reflejan un "patriotismo vacío", censurando su supuesta "insensibilidad, frialdad de corazón y sentimiento" El presidente del PDeCat, David Bonvehí, afirmó que las acciones del Estado "no concuerdan" con la llamada concordia de Felipe VI. Y otro de tantos es Gerardo Pisarello, argentino afincado en Barcelona, número dos de Ada Colau, protagonista de tantas polémicas, que quiso retirar la bandera española, aprovechó para decir que "en España se cuestiona la monarquía". Otro argentino entre nosotros, Pablo Echenique, secretario de Organización de Podemos, dijo que el discurso del Rey "no es creíble" porque la monarquía es "machista" y discrimina a la mujer en la sucesión.

Insisto: hay infinidad de argumentos para rebatir tanta insensatez, ligereza y sobre todo, la tergiversación de tan retorcidos criterios. Volviendo al referente evangélico, que supongo para muchos será gratuito, tal vez para algunos, aún fieles a sus creencias, dudarían en aceptar la cita completa: "Yo los envío como ovejas en medio de lobos: sean entonces astutos como serpientes y sencillos como palomas". Con tanto desalmado, tanto embustero y embaucador, más vale ser astuto y justiciero, porque como paloma, la convivencia y el diálogo, que tanto invocan, hasta ahora sólo sirven para que nos dediquen sus aullidos amenazadores.

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