AnarCOVIDtas

El anarCOVIDta vive instalado en el negacionismo o frecuenta sus aledaños

Anarcovidta: dícese de la persona que, en tiempos de pandemia, antepone su interés y comodidad individual al bienestar y la salud colectivos. Debe de ser que su interés y su comodidad son muy elevados, puesto que demuestra una total incapacidad para renunciar a ellos o postergar su disfrute, cueste lo que cueste y a quien le cueste. Persona firmemente apegada a sus rutinas, el anarCOVIDta no concibe otra forma de vida que no sea la suya propia, habitual y consuetudinaria. Superviviente de una cuarentena que nunca comprendió y que más de una vez incumplió, el anarCOVIDta vive instalado en el negacionismo o frecuenta sus aledaños y se siente amenazado por una conspiración de ámbito mundial específicamente destinada a perjudicarle. Consecuentemente, rechaza cualquier medida de las autoridades, sean sanitarias o no, pues considera que el feroz Estado está vulnerando sus derechos individuales y humanos (si bien pareciera que el único humano sobre la faz de la tierra es él). Del mismo modo, manifiesta un rechazo proverbial al conocimiento científico (del que por supuesto carece), siendo habitual en él el cuestionamiento de las opiniones de investigadores y profesionales sanitarios a los que considera incompetentes, manipuladores y exagerados.

Ocasionalmente puede formular alegatos no exentos de emoción y romanticismo, como aquellos en los que reclama el valor supremo de la libertad, del viento sobre la cara, de la relación afectiva interpersonal y de la inmunidad positiva y natural que nos proporcionará la madre naturaleza (esto de la naturaleza consustancialmente bienhechora también daría para otra entrada enciclopédica). No obstante, por lo normal, profiere exabruptos sobre la inexistencia de una "verdad" que no sea la suya, la invalidez de la razón y la prevalencia del yo sobre el nosotros. Por supuesto, el anarCOVIDta se considera a sí mismo el único ser genuinamente libre, mirando por encima del hombro al resto de sus congéneres, apenas un rebaño sumiso, ignorante y adocenado. Convencido de que él es el único que está en lo cierto, le son propias actitudes tan totalitarias como las que él mismo denuncia (y es que en esto del totalitarismo todos los extremos se tocan).

Los no anarCOVIDtas esperan fervientemente que los anarCOVIDtas mantengan su coherencia y convencimiento hasta el final y, en caso de sufrir neumonía doble por coronavirus, se abstengan de acudir a los servicios públicos de salud.

Visto lo visto, y puesta a elegir entre anarquistas y anarCOVIDtas, me sigo quedando con León Tolstoi, que, además de ser cristiano y libertario, creía en la ciencia y escribía como los ángeles.

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