Aberrante

Lo sucedido no es algo sobrevenido y demostrativo de la inoperancia absoluta del modelo gestor

Según el Diccionario de la RAE, la aberración se define como: "… la desviación de lo considerado normal o lícito", también, "… error grave del entendimiento o la razón…". Pues bien, les compadezco si se ven en la necesidad de asistir al Hospital Juan Ramón Jiménez a primera hora de la mañana porque lo que está sucediendo desde que se normalizó, razonablemente, el precio del parking del citado centro -anteriormente, exagerado- es que se producen atascos monumentales, lo cual, no es en sí mismo extraño. Ahora bien, lo que sí es "aberrante", es que el acceso de las instalaciones, tanto para entrar como para salir, coincidan exactamente con el recorrido obligatorio para llegar al Servicio de Urgencias, con lo que quienes gestaron y aprobaron el proyecto del aparcamiento cometieron un error de planeamiento con trascendencia finalista obstructora de la rápida accesibilidad a unas instalaciones decisivas para la solución de situaciones de emergencia, en ocasiones, con riesgo para la integridad de las personas enfermas o accidentadas. Por tanto, se impone una solución rápida y eficiente -palabra líder en el lenguaje del SAS- para evitar males mayores y posteriores lamentaciones sobre hechos irreparables y susceptibles de suceder si permanece la situación actual de los accesos.

Esta es, escuetamente, una de las aberraciones. La otra, gravísima, es la situación generada con la especialidad de Hematología en el Infanta Elena. Una parcela -hablo con conocimiento de causa- que, históricamente, prestigió a la sanidad onubense y, al parecer, ese ha sido su pecado, dado que los gestores recibían habitualmente agradecimientos y no reclamaciones, no importaba hacer oídos sordos a las reivindicaciones de un personal sanitario volcado, en todos sus niveles, en buscar la excelencia asistencial. Pues bien, la respuesta de nuestros gestores ahí la tenemos. Lo sucedido no es algo sobrevenido y, en consecuencia, demostrativo de la inoperancia absoluta del modelo gestor. Por cierto, si me lee alguno de ellos saben que tengo no sólo razón sino autoridad para opinar sobre el tema. Les resumo respecto a la cuestión actual. No se puede para completar el vestuario, de uno, dejar desnudo al vecino, salvo que haya una estrategia, ¿fusiones-desfusiones? fallida y, desde luego, es un sarcasmo, ¿cómo no?, culpar al Gobierno central de la propia incapacidad tras más de treinta años de tener las transferencias sanitarias. Sencillamente, aberrante.

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