Análisis

mANUEL cAMACHO

El último mohicano

Puede sonar a hipocresía porque cada vez que fallece alguien es el mejor del mundo, haya lo que haya hecho en su vida. Es como si la pena por su muerte lo invadiese todo, borrando huellas que en vida resaltaron. Convendrán conmigo, los que le conocieron, que fueron muchos, que no es el caso. Boby, permítanme que le llame por su nombre más original, no era de esos tipos. Fue en vida lo que reflejó siempre. Afable, profesional, atento, siempre con una palabra amable. Y eso que también fue crítico, muy crítico a veces. Lo que dejaba clara su libertad para decir lo que pensaba. Por ese motivo, esencialmente por ese, siempre fue un hombre del que se tuvieron muy en cuenta sus opiniones. Pero hoy no quiero hablar de su periodismo, sino de su persona y lo que ha significado para todos los que hemos compartido parte de su vida.

Detrás de su amabilidad se guardaba una personalidad terrible. Siempre defendió una postura, una idea, una forma de explicar las cosas, de decirlas, siempre de frente. Era Boby, simplemente, sin pliegues ni esquinas.

Tuve la suerte de compartir con él muchos momentos, unos mejores y otros nos tanto. Y discutimos. Mucho. Pero al final de cada jornada, fuese como fuese, siempre tuvo un abrazo o una palabra. Lo que ocurría en el campo se quedaba en el campo.

Si en algún momento uno que ejerza la profesión necesita un consejo de cómo deben ser las cosas, que acuda a la hemeroteca de Boby. Allí encontrará cómo ser buena persona y buen periodista. Porque no se puede ser buen periodista sin ser buena persona.

Ese es el gran legado que nos deja. Esa es su gran herencia. Con todo bien explicado. Explicado con hechos. Que las palabras se las lleva el viento. En cada acto al que acudamos le veremos a él. Con sus gafas de aviador de color verde. Con su chaqueta, con su bolígrafo y su folio para tomar nota. Siempre en primera línea. Sin esconderse nunca. Y luego nos contará, a su manera, todo lo acontecido. Hay gente que no se muere nunca. Y Manuel Ortiz Trixac Boby, es indudablemente uno de ellos. Uno de los nuestros. Una de las grandes personas que ha parido Huelva.

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