Análisis

Juanma G. Anes

Que reviente como nosotros

Me preguntaba un fiel seguidor-sufridor del Decano si yo también iba a llamar a filas para intentar que el Nuevo Colombino presente, este domingo, una imagen de esas que tanto han ayudado en los últimos tiempos a conseguir milagro tras milagro. Le confesé que yo, como todos, ando reventado, cansado de tanto sufrir y que las fuerzas flaquean hasta para eso. Es imposible olvidar que por aquí no es que nos hayamos echado a la calle un par de veces o tres peleando por un imposible, o que hayamos hecho alguna que otra locura por el Recre, o que nos hayamos levantado tras habernos caído encima una losa de hormigón, es que llevamos muchos años saliendo de arenas movedizas y que, cuando por fin nos deshacemos de éstas, nos vienen siete directos a la mandíbula que nos dejan KO para mucho tiempo. Y esto ya no hay quien lo aguante porque da la sensación de que no merece la pena teniendo, aún, muchos cuartos pendientes de darle luz. Y hay que pedir explicaciones y responsabilidades por ello, claro. Pero…

… Pero qué le vamos a hacer, si es que no nos queda otra; si es que es nuestro escudo, son nuestros colores, si es que es nuestro equipo. Cuando a los que tenemos la fortuna de ser del Decano se nos acaban las fuerzas, cuando dan ganas de romper desde el primer hasta el último de esos carnets que se guardan como un tesoro, cuando nos entra la tentación de quitar de en medio para siempre esa bufanda que tanto nos ha acompañado en los momentos más señalados, cuando no hay ganas de oír ni de ver una sola noticia más relacionada con los albiazules, cuando apetece dejar sepultadas en el armario las camisetas que con tanto orgullo vestimos… Cuando ya se ha perdido toda motivación posible para pisar el estadio de nuestras mayores pesadillas siempre llegamos a lo mismo, y hablo en primera persona: se ha luchado tanto para llegar hasta aquí que no existe otro remedio, hay que hacerlo otra vez, y no por empujarlos a ellos, que un día se irán de rositas, sino por empujarnos a nosotros mismos. Por eso y porque, además, hay muchos deseando ver nuestra caída definitiva y esperan, ansiosos, a que saquemos bandera blanca rindiéndonos al fin. Creo que ese placer no se lo podemos dar jamás. Aunque estemos sin ganas, sin fuerzas y reventados... habría que reventarlo todo. Hasta el estadio, si tienen a bien.

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