Empieza a inquietarme no ya el Recre, cuya imagen en estos tres partidos ha sido más que positiva, sino la sorprendente buena onda que uno palpa en torno a él. Y no es que esto sea necesariamente malo, al contrario, admito que el rarito soy yo. Venimos de un patinazo de tales dimensiones que, por mucho que uno confiara en la autorregeneración del seguidor albiazul, lo cierto es que pensaba que ésta iba a tardar mucho más en llegar. Mira que llevo años en esto y será justo por eso por lo que, cada año, soy más temeroso y comedido que el anterior, y pensaba que a los recreativistas les iba a costar infinitamente más resetear y arrancar la máquina de la ilusión.

El buen ritmo de renovación de abonos y, sobre todo, el considerable número de nuevas altas se han sumado a esa nueva atmósfera creada con la llamada a la unión tras la catástrofe prometiéndonos una lucha sin cuartel que es lo mínimo exigible pero que, viendo la vergüenza del último curso, no es baladí que se cumpla (ya lo iremos viendo). Y permítanme una pequeña apreciación: es muy posible que el pasado sábado, en una simple tarde de verano en Punta Umbría y para ver un mero partido de preparación del Decano (3º RFEF) contra el Córdoba (2ª RFEF), hubiera mucha más gente que en cualquier evento deportivo que se celebra en nuestra provincia cada fin de semana en temporada regular. El que se suele preguntar amargado qué será lo que tiene el Recre que hace centrar tanto la atención en él (y hasta que lo mimen demasiado) puede hallar una respuesta clara: un poder de convocatoria y un sentimiento de pertenencia y de defensa que esta ciudad y su provincia llevan en la sangre y que jamás lo tendrá ningún club de ninguna otra disciplina, aunque el Recre habite en el peor de los infiernos. Negar esa evidencia es de necios. Luchar contra ella con argumentos zafios, una inutilidad.

Al Decano, por cierto, también le ha hecho especial, entre otras cosas, el Trofeo Colombino. Se entiende la dificultad creada por el litigio (qué mal tino tuvimos a la hora de pedir ayuda), pero menos la tardanza en explicar el tema. Sea como fuere, un año más sin él sería otra mancha imborrable. Dando la vuelta a la canción, aún quedan días de verano... y de otoño, o de cuando sea, para, si es posible, recuperarlo. Esperemos que nos salga cara en esto también.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios