Análisis

Juanma G. Anes

Un número, un mudo y unos estrategas

El número: en 2019 se cumplirá 130 años del nacimiento del Real Club Recreativo de Huelva, el club de fútbol más antiguo de España, algo que hay que repetir mucho más porque se ve que hay quien esto aún no lo tiene claro. Así están algunas cabezas, que se hacen trampas al solitario. En un club normal esta efeméride estaría marcada con fuego en la mente de todos aquellos que forman parte de él: dirigentes, empleados, jugadores, aficionados y ciudadanos en general, esos que tienen la suerte de acunar a una institución así por lo que representa para el deporte nacional. Pero en nuestro pequeño rincón albiazul, como nunca nada es normal y el obligado cortoplacismo sólo permite mirar el hoy -ni siquiera se puede planificar el mañana-, tal aniversario puede pasar, como tantas otras fechas, sin pena ni gloria. Y otros se aprovecharán de eso. Aún se está a tiempo de poner remedio.

El mudo: hay quien tiene al Mudo Vázquez en plantilla y nosotros seguimos con el Mudo López en los despachos. Más de un año después, Juanma López sigue sin dar la cara. Sólo una entrevista concedida en doce meses -a este medio, por cierto- y ninguna aparición pública. Se asomaba por el palco al inicio del curso pasado, cuando la cosa pintaba más o menos bien. Desde entonces, con todo torcido, jamás volvió a enseñar la patita por el Nuevo Colombino. A mí esa actitud me suena. Tras la desastrosa temporada deportiva aún no ha dado explicaciones sobre el pasado, sobre el presente ni sobre el futuro. ¿De verdad es su estilo?

Los estrategas: los de Krypteia, claro. Los comunicados llenos de compromisos y los tuits ingeniosos están bien, sí, pero todo lo que no sea crear un proyecto decente, pagar a los empleados, ofrecer transparencia real (por ejemplo explicar, negro sobre blanco, cómo han llegado) y, por supuesto, obtener resultados, no servirá de nada. Y un apunte: en casi 130 años por aquí se ha visto, entre otras cosas, a Cazorla, a Marcelino, a Luzardo, a Alzugaray, a Uche, a Viqueira, a Espárrago, a Iván Rosado, a Caparrós, a Martín Cáceres, la Primera División, una final de Copa, una afición salvando a su equipo de la muerte… A Sun Tzu nadie le va a hablar de la guerra, no, pero a Noé de la lluvia, tampoco. Y aquí somos especialistas en construir arcas.

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