Análisis

Juanma G. Anes

Cuando todo nos 'malía sal'

La pintada callejera rezaba así: Todo me male sal, curiosa forma de expresar que, cuando las cosas vienen del revés, el laberinto del infortunio parece interminable. La anécdota de esa frase se la oí a Paco González cuando hablaba de una de esas malas rachas que coge un equipo de manera inexplicable y que desespera hasta al ser más inerte. A nosotros, por méritos propios, nos miró un tuerto que nos hizo vivir con un gafe sin fin. No es que todo lo que pudiera salir mal saliera mal, es que la broma nos salía siempre peor.

No estamos ahora como si nos hubiera tocado el euromillón sin haber echado el boleto ni tenemos más suerte que Tarzán encontrando lianas, pero hay ciertos destellitos que parecen indicar un leve cambio de tendencia, y esa mínima metamorfosis no es sólo por la gracia divina, sino porque la suerte, la buena, también se merece. Que Boris resuelva con la calidad con la que lo hizo cuando moría el partido, después de haberse pegado 90 minutos peleándose hasta con los banderines, no fue casualidad; que el audaz Martínez cortara hábilmente el ritmo impuesto por el Badajoz cuando los pacenses más nos asfixiaban, tampoco; que no nos quedáramos con diez gracias al rápido recambio de Monsalve en el descanso, cuando todas las papeletas apuntaban a una segunda amarilla a Marín, claro que no es por la diosa Fortuna, sino porque el míster aprendió la lección de lo de Núñez frente al Cartagena. La suerte nunca llega si no se busca y, para muestra, lo de los goles in extremis del pasado curso.

Si las cuentas no fallan, y elaborando una clasificación sólo desde que Ángel López tomó el mando, ésta colocaría al Recre en la zona noble de la tabla (y habiendo sufrido ciertos arbitrajes querellables por medio), dato que tampoco es pura chiripa. Vemos al cuarto a ocho puntos, un mundo aún, pero todavía queda otro mundo por delante. Me preocupa mucho más que seguimos, una semana más, a casi 7 millones de levantar el maldito embargo, lo que impide entrar aire fresco en el club, en los empleados y en la cantera. El día que esa losa quede en un mal recuerdo sí que cambiará totalmente la tendencia, estoy seguro. Y esas cosas que siempre nos malían sal nos habrán servido para aprender lo que no está en los escritos.

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