Análisis

mANUEL cAMACHO

Cada loco con su tema

Tenemos anhelo por escribir buenas noticias. Está el mundo tan enrevesado que estamos ávidos de contar cuentos de amor y felicidad, de sonrisas Profidén. Pero por mucho que nos esforzamos, es una misión imposible. Si no es por la mañana, es por la tarde. Y en algunas ocasiones hasta de madrugada, con nocturnidad y alevosía. Supongo que ya lo habrán adivinado, teniendo en cuenta dónde se encuadra esta sección, aunque hablamos de todo menos de deporte. Es el Recre y su vida diaria, una lastimosa historia de terror que no cesa ni por lo civil, ni por lo criminal. Una pena viva en toda la extensión de la frase.Con todo dividido o roto en mil pedazos, escojan lo que quieran, hay quien se pregunta cómo demonios se puede vivir así, entre la congoja y la desesperación. Mientras unos quitan hierro al asunto porque no están en el día a día, los que están en las constantes vitales del Recre, en el minuto a minuto, no saben si salir corriendo y no decir ni adiós o coger la calle de en medio y reventarlo todo. Es un dilema importante. Y no me gustaría estar en sus pellejos.

El caso es que nada cuadra, ni por el norte ni por el sur. Y si nos ponemos en el costado nos derramamos al mar. Hay quien se sostiene en un criterio que se desmiente al segundo siguiente. Y hay quien se hace el loco y mata moscas con el rabo. Lo hemos dicho mil veces. En situaciones extremas como la que vive el Recre, hacen falta soluciones extremas. Mientras sigan poniendo paños calientes, haciéndose el loco o matando moscas con el rabo, el Decano no tendrá solución. Resulta que hubo juramentos a los protagonistas de que este año iba a ser diferente, primavera, y resulta que todavía no ha llegado el invierno y ya hay quien tirita de frío. Es la misma historia de años atrás y me dirán algunos que hay cosas diferentes. Y llevan razón. Pero esas cosas diferenciales no alivian ni el dolor ni la pena. Luego convendrán conmigo en que son pases al espacio libre donde no hay nadie. Son tantas las preguntas sin responder que en caso de hacerlas el examen sería eterno. Dicen que el que se mueve no sale en la foto. Y la instantánea es tan obtusa ya que no se distingue nadas. Porque si suma eso a la gestión realizada, entonces podría optar al premio Príncipe de Asturias de la Comunicación.

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