Análisis

NArciso rojas

Una herida mortal. París, 3 de febrero de 2018

Irlanda estaba un punto por debajo de Francia en el marcador, Belleau acababa de fallar un golpe a palos. El partido entraba en el minuto 80, de manera que cualquier mínimo error de los del trébol, que manejaban el balón cerca de su línea de 22 tras el saque, daría la victoria a los gabachos. Lo imposible. Irlanda buscaba la fisura en una buena defensa francesa. Los Bleus sólo tenían que estar ordenados, placar y esperar el fallo del contrario. La pelota no rebasaba la línea de ventaja. Los irlandeses jugaban fases abiertas y de delantera con criterio, pero se daban contra un muro. Cada vez iba más lejos el balón en horizontal, pero no había manera de avanzar. Los franceses seguían a los suyo. Irlanda no arriesgaba con descargas. Meta-rugby. En la fase 24 los irlandeses habían avanzado sólo cinco metros. Habían llegado a estar cerca de la divisoria, pero el rugby girondino del trébol no da para más. Hacía falta algo diferente, y allí apareció, en la fase vigésimo quinta, un jacobino con el diez a la espalda. Johnny cogió su fusil y puso una patada de lado a lado en las manos del ala que puso a Irlanda en el campo de Francia; más allá de la línea de diez metros. Aún quedaba un océano para la línea de ensayo. De nuevo cavaron las trincheras y el muro francés los retuvo allí. La línea irlandesa trató varias veces de romper la defensa, pero no estaban para florituras. No era momento de aventuras. Un golpe en contra y terminaba el partido. Francia defendía limpio. De nuevo había que mirar al lado izquierdo del hemiciclo, y allí se levantó Johnny Sexton pidiendo la palabra. La delantera hizo algo de hueco, Sexton se puso a cinco metros del centro del campo, recibió del medio melé y pateó a palos a bote pronto. Era la fase cuadragésimo primera.

El Stade-France contuvo la respiración durante los cinco segundos que duró el vuelo de aquel balón que acabó clavándose en el pecho de París. Una herida mortal. Trabajo de equipo. La delantera se partió la cara para que su chico tuviese unos metros para armar su fusil. Ha pasado un año. Vuelve el Seis Naciones.

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