Análisis

mANUEL cAMACHO

Un grito en el cielo

El San Roque de Lepe anda metido en la indignación después del partido disputado en Arcos. El acta del partido no tiene desperdicio alguno y el club aurinegro culpa de mala intención al colegiado Raúl Astudillo Rusi, que se despacha a gusto en la redacción de lo acontecido, siempre según su juicio. Además, pone en entredicho la actuación del delegado del club gaditano, Antonio Jesús Pozo Ramos, que hace relativamente poco colgó el silbato.

El caso es que le han caído cuatro partidos a Ekedo, dos a Higor Rocha y una retahíla de tarjetas que deja al San Roque en la desnudez más absoluta de cara a la próxima jornada por acumulación de castigos. El club ha emitido un comunicado a la Delegación Onubense de Fútbol, aunque ciertamente no es nada optimista por cómo funcionan las cosas dentro del mundo del arbitraje.

Jura y perjura el delegado del San Roque, Franci, hombre de larga trayectoria en la fidelidad a su club y persona muy reconocida por su sinceridad y honestidad, que nadie del equipo le dijo nada al árbitro una vez finalizado el partido, luego hay que deducir que supuestamente el colegiado miente. A todo eso hay que añadir que le señaló un penalti en contra al San Roque que era dos metros fuera del área.

Así las cosas, y resumiendo, a uno le queda la impresión que hay colectivos que no progresan, por muchas normas que pongan en marcha los máximos organismos del fútbol. Esa opacidad es la que hace al colectivo arbitral perenne sospechoso. Más allá de lo acontecido en Arcos, de lo que se queja amargamente el San Roque de Lepe es de la impotencia a la hora de poner el pertinente recurso. No sirve de nada, dicen, y se puede dar fe de ello. Salvo en el fútbol profesional, todo lo demás está fuera de juego y de época. Alguien debería mirar eso. Porque lastimar así a una entidad no tiene nombre. Y ya está bien que algunos tengan la fuerza en el pito. Es triste y a la vez indignante. El fútbol modesto necesita ayuda. No gente que emita juicios de valor partidistas y que se encierre en un vestuario para escribir cosas que no son ciertas. Supuestamente. Aunque el recorrido que traen desde hace años les hace, como decía antes, permanentemente sospechosos.

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