Análisis

Juanma G. Anes

Y sin embargo...

ésa era la actitud, justamente ésa. Caer con dignidad y con la intensidad que el Decano mostró el domingo, durante todo el encuentro, claro que está permitido. La doble gracia del árbitro no se pudo controlar; la falta de puntería o de lucidez de cara a portería en ciertos momentos se puede perdonar, no hay otra; perder como se perdió, con un único fallo defensivo en todo el segundo tiempo cuando se buscaba, con ganas, con ambición y con buen juego, una remontada más que merecida, también. Si desde esta Platea -como casi desde todos los rincones- se exigía una imagen parecida a la mostrada en La Condomina habrá que ser coherente y destacarlo sin que se caiga ningún anillo. Eso no quita que la crueldad de la derrota no escueza; a estas alturas, por el fondo y por la forma, escuece y duele como siete astillas clavadas bajo una uña.

Llegados a este penoso berenjenal por deméritos propios (llevamos cuatro años de miserias deportivas, algo insoportable para cualquier afición del mundo), queda sobrevivir, cueste lo que cueste, en un tramo final en el que esta terna de jugadores está en la obligación de quedar por encima de cinco equipos de la categoría en ocho jornadas partiendo, además, con dos puntos de ventaja para lograr ese objetivo. ¿Tampoco va a ser capaz de conseguir eso este plantel? ¿También la presión o la mala suerte, elementos siempre tan recurrentes, nos van a superar hasta hundirnos? ¿De verdad que no van a poder brindarnos, por vergüenza torera, al menos ese exiguo premio?

Esta temporada, pase lo que pase al final, ya quedará para siempre como la del juego del Monopoly: echo al primero, dejo al segundo; echo al segundo, me quedo con otro que ya estaba… Rara forma de actuar del mudo López, cuyos resultados ya estamos viendo. Ahora que hace falta, otra vez, arrimar el hombro para alejarse del abismo me imagino al buen recreativista hastiado, exhausto y renegando de todo; no es para menos. Pero cuando uno piensa en la buena gente que hay detrás, en lo que ha costado seguir con vida y en ciertas sanguijuelas alegres por nuestra crítica situación, seguro que a nuestro Decano sus fieles le dicen, aunque a regañadientes, eso de "No debía de quererte y, sin embargo…".

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